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Carta a M. Manuela García de Longoria Carreño (Pololo) por Victorina Alonso Fernández
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Redaccion Leonoticias | 28-11-2016 | 17:23

Seguramente no estarías muy de acuerdo con estas líneas que estoy  escribiendo y me lo harías saber con claridad y  firmeza; pero quizá por eso mismo, por tú discreción y timidez, quiero que quede constancia de quien eras y de lo que hiciste por el Ayuntamiento de Astorga que es lo mismo que decir por todos los que vivimos en el municipio astorgano.

Durante muchos años- más de 10- colaboraste, la mayor parte de las veces de forma voluntaria y desinteresada, para ayudar desde Servicios Sociales a todos los que te necesitaban, especialmente a quienes por circunstancias muchas veces ajenas, no lograban salir adelante. Y tu apoyo fue fundamental para conseguir la escolarización de muchos niños y la integración de quienes estaban excluidos y no sabían leer, ni escribir, ni cocinar, ni conducir ni..…y tu, con tesón y coraje, empeñaste tu vida para remediar esa situación. Y lo conseguiste. No siempre es cierto. Aún recuerdo nuestra decepción y tristeza cuando aquel niño tan listo y con un destino tan aciago, en cuya protección pusimos tanto empeño, se nos había “escapado de las manos”.

Prudente  y respetuosa, con las ideas muy claras en todo lo que tenía que ver con los Servicios Sociales  (ese lado oscuro del mundo donde se lucha a brazo partido para sobrevivir-,) tratabas de llevar a cabo esas ideas, siempre trabajando en coordinación, con las miras puestas en solucionar problemas. Todavía hace pocos días- cuando tuve la suerte de compartir contigo unas horas en un lugar cerquita del cielo-tu preocupación no estaba en los problemas que aquejaba tu salud, sino en que como resolver un caso difícil  de una menor que te quitaba el sueño.

Fueron muchos años de trabajo y colaboración, Pololo, en los que aprendí a conocerte y a valorar todo lo que representabas: honradez, trabajo bien hecho, implicación con los que te necesitaban, sosiego. Comías como un pájaro porque asegurabas no necesitar  más, y porque hay mucha gente,  me decías, que no tiene para comer; elegante siempre, tu distinción no dependía del traje, la llevabas contigo.

Te has ido ¡y queda tanto por hacer! , hoy, sin ti, Pololo el mundo, nuestro mundo, es un poco más gris y mucho más triste.

He ido al bosque montañoso que te enamoró y donde has decidido descansar, y al llegar me ha parecido escuchar un “cante” y unas palmas  que eran un lamento hondo y antiguo; allí al pie de un árbol frondoso te he dejado unos guantes, suaves y calentitos, del color del afecto y una buena bufanda, para que puedas pasear protegida cuando caiga la tarde, pensando en las familias y en los niños y en cómo resolver sus dificultades y allanar sus problemas. Y mi tristeza se acalla pensando que serás semilla de enérgicas voluntades frente a la pobreza y el hambre. De ti nacerán ideas como estrellas luminosas para luchar contra todo lo que hace daño, contra la inútil maldad del egoísmo.

No nos olvides Pololo, acuérdate de nosotros. Ayúdanos a no errar nuestros pasos en la lucha que iniciamos contigo para conseguir un mundo más justo, más igualitario donde no haya discriminación y en el que nacer pobre no sea un impedimento para poder vivir dignamente.

Y tú, Pololo una  Trabajadora Social de primer orden, descansa en una paz que te mereces.