Leonoticias

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Riaño (y IV) con fotos El final
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La Opinión de Luis Herrero | 07-07-2017 | 11:39| 0

Retazos de memoria 30 años después

 

De siete de los nueve pueblos (Burón y Vegacerneja se salvaron parcialmente), ya solo queda el recuerdo para cada uno de ellos, el cariño y las imágenes imborrables de sus casas, de sus calles, de sus gentes. Y las heridas, que aún hoy permanecen abiertas, por los acontecimientos que se sucedieron durante ese verano. ¿Cómo olvidar aquellos terribles días en los que Riaño y sus pueblos sucumbieron víctimas de una orgía de destrucción? ¿Cómo cerrar los desgarros que producen esos recuerdos? Puedo dar un paseo introspectivo entre las ruinas. El panorama que visualizo, el que estoy contemplando con la misma viveza como si lo tuviera delante, es apocalíptico. Ante mi mirada escrutadora se extienden infinitas montañas de escombro, auténticos osarios de las viviendas que formaban cada localidad, testimonios del abuso irreversible que sufrieron los pueblos del valle. Cascotes, escombros, destrucción. Caos.

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Parecen los restos de un naufragio. Semanas después de finalizadas las obras de derribo de las edificaciones, podían observarse enseres domésticos mezclados con el escombro. Algunos muebles estaban tapados con plástico, tal vez a la espera de que los recogieran sus propietarios. Un paseo entre tanta ruina mostraba hortalizas aplastadas por piedras y cascotes que nunca llegarían a la mesa de quien las plantó. Juguetes que un día hicieron feliz a un niño y cuyo destino sería el de pudrirse en las profundidades del pantano. Cunas, bidés, calefacciones abandonadas y otros elementos que en un tiempo formaron parte de las viviendas, que sirvieron para que los vecinos disfrutaran de una vida más llevadera en el hogar familiar, ahora compiten por un espacio entre los despojos de esos hogares. Constituyen los vestigios de la vida que discurrió durante siglos en cada uno de los pueblos, hasta que aparecieron las máquinas de arrasar.

Quedan pocas cosas en pie: los indicadores de la carretera, las señales de tráfico y algunas farolas. Poco más. Las calles ahora son sendas que abren camino entre dos hileras interminables de piedras, escombros y madera amontonada. Algunas gallinas, ovejas y vacas, también unos perros de mirada extraviada, son los únicos seres vivos que aún residen en el mismo lugar donde hasta hace poco había calles y casas y gente que las habitaba. Los humanos han sido desalojados por el método expeditivo de destruir sus casas. En pocos meses, las especies acuáticas serán las únicas pobladoras del lugar.

También se conservan las cumbres, el único elemento que no ha cambiado en el paisaje del entorno. Esos pináculos naturales se han convertido en una referencia ineludible para asegurarse de que la colosal escombrera en la que se ha convertido el valle corresponde a los pueblos de Riaño, y no a otros paisajes distintos ni distantes.

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El 31 de diciembre de 1987 cierran el vaso del pantano. Parece que esa era la fecha límite que tenía el gobierno español; que a partir del nuevo año, las autoridades europeas podían haber dado al traste con este proyecto del franquismo, con este atentado monstruoso contra el medio ambiente. Lástima que los socios comunitarios no tuvieran la ocasión de sacar los colores a España por esta obra, de recordar al gobierno que estas presas desproporcionadas son más propias de repúblicas bananeras que de países civilizados. Lástima. Tal vez por ello nunca se celebró acto de inauguración alguno. Ningún ministro visitó la presa; nadie se prestó, como en tiempos del NO-DO, a cortar la cinta y a declarar inaugurado el pantano de Riaño. Nos queda la duda de si la mala conciencia fue la razón que impidió a Felipe González y a su ministro de Obras Públicas, Javier Sáez de Cosculluela, protagonizar un acto de estas características.

80.000 hectáreas

Tres décadas depués de aquella escaramuza, resulta un buen momento para recordar que la presa tenía por objeto regar 80.000 hectáreas de la provincia de León. Sacrificaban Riaño y sus pueblos para convertir el sur leonés en un vergel. Se trata de la mentira más grande que se recuerda, de un engaño de 80.000 hectáreas de superficie. Pasado el tiempo nadie ha asumido responsabilidades. Ninguna explicación por parte de quienes tuvieron/tienen la obligación de construir esas infraestructuras prometidas pero que destinaron/destinan el dinero comprometido a otros menesteres que nada tienen que ver ni con León ni con sus agricultores.

Cuando se cumplen treinta años de aquel fatídico siete del siete del ochenta y siete parece oportuno reivindicar la necesidad de mantener vivo el recuerdo de aquellos pueblos pletóricos de vida hasta entonces. Rendir tributo a todos los vecinos que sufrieron las secuelas del desarraigo de su tierra. Y recordar a cuantos lucharon por impedir que el valle del Esla desapareciera; a aquellos hombres y mujeres tenaces que para defender una causa justa se aferraron al peso de sus razones, al simbolismo de los capilotes y a un sentimiento que es imperecedero y que ningún gobierno del mundo podrá destruir ni ahogar jamás: Riaño vive.

 

Fecha de publicación                     Título

4 julio de 2017                        Riaño I. El túnel de Las Salas

5 julio de 2017                        Riaño II. Los pueblos y la lucha

6 julio de 2017                        Riaño III. Comienzan las demoliciones

7 julio de 2017                        Riaño y IV. El final

 

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Riaño III Comienzan las demoliciones
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La Opinión de Luis Herrero | 06-07-2017 | 08:33| 0

Retazos de memoria 30 años después

 

Pero las protestas no consiguieron su objetivo. Como ya se ha anticipado, el martes siete del siete del ochenta y siete, san Fermín, a primera hora de la mañana se presentaron en el valle las máquinas de demoler, la Guardia Civil y los operarios de las empresas encargadas de arrasar los pueblos. Diecisiete días después, cuando declinó el 24 de julio, la misión había concluido. Durante esas dos semanas y media se trabajó de sol a sol, siete días a la semana y las tareas de arrasar las edificaciones solo se interrumpieron unas horas y por un hecho luctuoso: fue un domingo, mientras enterraban a un vecino que se había suicidado a los pocos días de comenzar la devastación del valle porque no soportaba la idea de que derribaran su casa.

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Aparte de la congoja y de la indignación que se respiraban ese primer domingo de las demoliciones, en un Riaño literalmente tomado por los antidisturbios, mis recuerdos de esos 17 días de destrucción se centran, sobre todo, en el desgarro de los vecinos desalojados de sus casas. En los hombres y mujeres del valle. En el dolor visible en sus rostros, en sus miradas, en sus gestos. El lenguaje corporal componía una sinfonía angustiosa cuyas notas se multiplicaban con cada persona afectada, Nadie debería volver a pasar por esa experiencia de perder la casa, el pueblo, el valle; de ser obligado al desarraigo por la fuerza bruta empleada por quienes se limitan a cumplir, indolentes, órdenes superiores. Fueron días trágicos, de experiencias extremas para todas las gentes del valle. Ese verano estuvo marcado por el drama en sus vidas.

Una detrás de otra las edificaciones iban cayendo, como si se tratara de olas gigantes que saltaran sobre los pueblos y destruyeran todo lo que se interponía en su camino. Resultaba impactante observar cómo, en la mayoría de las ocasiones, sus, hasta ese momento, moradores, presenciaban la demolición de los hogares desde la acera de enfrente; unas veces como testigos silenciosos y otras entre hipidos desolados. Parecía como si quisieran acompañar a la que fue su vivienda hasta el último momento, igual que se acompañan los restos de una persona querida en su último viaje.

Conmovía comprobar cómo contemplaban el derribo de una vivienda los vecinos de la misma, aquellos que acababan de perder la suya propia o eran los siguientes de la lista en esa cadena de ejecuciones desenfrenadas. La maldita suerte que les había tocado vivir y la desgracia común a todos ellos les mantenía más unidos; apoyándose unos en otros se sentían menos vulnerables ante las fuerzas destructivas que habían invadido el valle. Se respiraba un aire enrarecido, sofocante; más fruto del desasosiego y de la impotencia de las gentes que del polvillo provocado por el derribo de las casas.

Desde las calles de Riaño, el Yordas y otros picos parecían removerse de indignación ante la hecatombe que sufrían los pueblos. Del otro lado y también en las alturas, desde el mismo epicentro del terremoto provocado por las máquinas, se podían observar las pilastras de los viaductos y las grúas que señalaban las primeras edificaciones que se estaban alzando en lo que entonces se denominaba «Nuevo Riaño».

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Muchos vecinos después de ver cómo caían inermes sus casas ante la fuerza de las máquinas, quemaban la madera; prendían fuego a los troncos que habían servido de vigas sobre las que se asentó la vivienda. De esta manera intentaban evitar el pillaje, que terceros aprovechados sacaran beneficio de su infortunio, que las alimañas obtuvieran ganancias del esqueleto desplomado de lo que fueron sus hogares. Porque, sobre todo los primeros días de las demoliciones, algunos foráneos se presentaban con camiones a recoger los maderos de entre los escombros. El escenario de un pueblo cuyas viviendas se iban desmoronando como si fueran fichas de dominó, con el polvo que levantan las casas al caer y el humo de la quema de las maderas, todo ello, ofrecía una panorámica de pesadilla. Pavorosa. Imposible de olvidar.

El 17 de julio de 1987 se produjo otro hecho singular. Como la estructura de la iglesia de Riaño (s. XVIII) y la altura de la torre desaconsejaban el empleo de las excavadoras u otro tipo de maquinaria similar, los responsables del aniquilamiento del valle optaron por utilizar cargas de dinamita. Fue el método más expeditivo que se les ocurrió para derribar el templo. Las edificaciones con las que no podían las máquinas, cayeron desplomadas por la acción de los explosivos.

En esas fechas todo valía si de lo que se trataba era de arrasar, de devastar, de asolar. Todo estaba justificado con tal de alcanzar los objetivos de destrucción generalizada, de masacre completa y de aniquilación total que el gobierno se había marcado para el valle. Parecía una maldición bíblica: Riaño y sus pueblos padecieron primero los efectos del peor de los terremotos y más tarde los del diluvio universal.

 

Fecha de publicación                     Título

4 julio de 2017                        Riaño I. El túnel de Las Salas

5 julio de 2017                        Riaño II. Los pueblos y la lucha

6 julio de 2017                        Riaño III. Comienzan las demoliciones

7 julio de 2017                        Riaño y IV. El final

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Riaño II Los pueblos y la lucha
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La Opinión de Luis Herrero | 05-07-2017 | 11:04| 0

Retazos de memoria 30 años después

 

Hasta ese nefando verano de 1987, resultaba embriagador pasear por cualquiera de los pueblecitos condenados por ese General acostumbrado a rubricar sentencias de muerte. Se trataba de rincones imbricados con la naturaleza, con el entorno, auténticos remansos de paz.

Incluso la localidad más humilde tenía construcciones de las que presumir, rincones en los que perderse. Cada uno de los pueblos sentenciados acogía joyas arquitectónicas y arqueológicas que acabarían aplastadas, convertidas en escombros por la acción de las excavadoras y, más tarde, en refugio de los peces en el fondo del pantano.

Abundaban las ermitas e iglesias, todas ellas centenarias y algunas de un considerable valor patrimonial, las viviendas tradicionales, con sus corredores, los puentes, como el de Bachende, las casitas típicas, como las que conformaban la plaza de Riaño y hasta palacios. Todo ese patrimonio inmobiliario quedaría reducido a escombros, víctima de la voracidad y de la locura del ejército aniquilador.

Muy pocas construcciones se salvaron de la tiranía gubernamental. En el caso del palacio de los Allende en Burón, se desmontó piedra a piedra para volver a reconstruirlo. Aseguraron entonces que se convertiría en el tercer Parador de la provincia. La realidad es que, 30 años después, las piezas desmontadas una a una y numeradas permanecen en el mismo lugar, criando musgo y maleza. Y abandono. Otro testimonio, otro más, del olvido al que han condenado las administraciones a la zona tras el cierre de la presa.

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Aún hoy resulta espeluznante recordar aquellas jornadas de destrucción masiva en el valle. Treinta años después duelen las remembranzas, tantas imágenes imborrables que deparó ese mes de julio de 1987. Como las de pasar por donde antes había una población (Huelde fue la primera en desaparecer) y encontrarse solo con una masa de escombros, piedra esparcida y madera humeante. Nada más. O, como en el caso de Riaño, constatar cómo se iba desmoronando poco a poco la cabecera del valle, cómo la gangrena corría destructiva por sus calles, ensañándose con todo lo que se interponía en su camino fatal, casa por casa; acabando con todas sus edificaciones una por una. Y cómo iba dejando tras de sí un reguero de escombros y de lágrimas, un panorama angustioso, un paisaje desolador que no se debería repetir nunca más en ninguna otra parte.

La lucha por salvar Riaño

En cuanto las máquinas tomaron el valle y comenzaron a demoler sus edificaciones, se constató el fracaso de todos los esfuerzos tendentes a evitar ese momento. La lucha de tantos hombres y mujeres, con tanto denuedo, durante tanto tiempo, había sido en balde. Una poderosa maquinaria administrativa, la virulenta respuesta policial, la presión de los regantes y el envalentonamiento de un gobierno que, aun perdiendo más de un millón de votos respecto a las elecciones de 1982, había revalidado la mayoría absoluta, constituyeron factores decisivos y letales para la suerte de los nueve pueblos.

De nada sirvieron las medidas de presión ejercidas hasta ese momento para alejar el fantasma del pantano. Como las manifestaciones que se habían sucedido en diferentes ciudades de España contra el embalse. Recuerdo de manera especial la celebrada el 17 de mayo de 1986 en el mismo Riaño, cuando se celebró la «Fiesta del Capilote». Fue un sábado cálido, concurrido y muy intenso en emociones.

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Otro tipo de presión lo constituyeron las pintadas diseminadas por los pueblos afectados, en contra del pantano. Sin duda la  que se hizo más popular, la más fotografiada y comentada, la más espectacular, fue aquella a la que ya nos hemos referido, realizada en la propia presa, con caracteres de 5 metros de alto y con un mensaje directo: «DEMOLICIÓN».

La vía judicial fue un recurso que se utilizó en el último momento, cuando ya las máquinas habían iniciado su particular escabechina con los edificios del valle. En concreto, cuando comenzaron las demoliciones en diciembre de 1986, los vecinos presentaron diferentes interdictos en el juzgado de Cistierna. Recuerdo asistir a la vista celebrada en esa localidad. Estos interdictos consiguieron prolongar unos meses la agonía de los pueblos: en marzo 1987 el juzgado desestima las demandas y en abril la Audiencia Provincial ratifica ese pronunciamiento. A partir de entonces el gobierno tenía vía libre para seguir con las demoliciones, aunque optó por esperar a que pasaran las elecciones municipales y autonómicas del 10 de junio.

Una última —y desesperada— medida de presión fue protagonizada por los tejadistas. Con este nombre se conocieron a quienes se subían a los tejados de las casas en un intento vano de evitar la demolición de esos inmuebles. La figura del tejadista se popularizó tanto por los medios locales como por los nacionales, sin duda por la originalidad en la forma de protestar. Y también como reconocimiento a una gesta que denotaba hasta qué punto estas personas fueron capaces de llevar su grado de compromiso con los vecinos, con los pueblos y con el valle afectado para evitar que el proyecto de pantano siguiera adelante.

Fue una lucha desigual la que enfrentaba a quienes se aferraban a los capilotes y quienes enviaban a los guardias a disparar pelotas de goma. Pero tengo la impresión de que los vecinos nunca se sintieron solos. A medida que pasaba el tiempo llegaban al valle más y más adhesiones de todas las partes, nuevas muestras de solidaridad procedentes de gente de todo tipo: ciudadanos anónimos y ciudadanos de las artes o de la cultura. Así, hasta el final. Incluso una vez arrasado el valle, en ese mismo año, un grupo de intelectuales editó un libro homenaje a los pueblos y a sus vecinos: Riaño Vive.

Fecha de publicación                     Título

4 julio de 2017                        Riaño I. El túnel de Las Salas

5 julio de 2017                        Riaño II. Los pueblos y la lucha

6 julio de 2017                        Riaño III. Comienzan las demoliciones

7 julio de 2017                        Riaño y IV. El final

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Riaño I (con fotos) El túnel de Las Salas
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La Opinión de Luis Herrero | 04-07-2017 | 10:39| 0

Retazos de memoria 30 años después

 

Condenado a muerte por Francisco Franco Bahamonde, todo un especialista en firmar ese tipo de sentencias, tuvo como verdugo a Felipe González Márquez. A principios de los 60 el régimen del General inició la tramitación burocrática para transformar el hermoso valle del Esla en un océano de agua dulce. Había transcurrido un cuarto de siglo agónico para la montaña oriental leonesa, atenazada su alma mientras esperaba en el corredor de la muerte, cuando el ejecutivo socialista consideró que era llegada la hora de ejecutar la sentencia. Tras revalidar su mayoría absoluta en las elecciones generales de 1986, el gobierno decide demoler los pueblos, cerrar la presa de Riaño y anegar el valle con carácter inmediato. La Diputación y la Junta, entonces también gobernadas por el PSOE, se limitaron a palmear las decisiones provenientes de Madrid.

Una vez desestimados los interdictos que intentaron paralizar las obras en los juzgados, fue a partir del 7 de julio de 1987 cuando el filo de la guillotina cayó implacable sobre los nueve pueblos condenados: Riaño, Pedrosa, Huelde, Anciles, Salio, Burón, Vegacerneja, La Puerta y Éscaro. San Fermín, en el día de su festividad, lanzó el infierno sobre Riaño. A primera hora de ese siete del siete del ochenta y siete, comenzaron a desfilar por el valle las máquinas de destruir casas, de asolar pueblos, de pulverizar la vida de una comarca. Excavadoras, retroexcavadoras, buldóceres, camiones y grúas enfilaron hacia los pueblos bajo la atenta vigilancia de un ejército de guardias civiles. Tanto las máquinas como los agentes de la autoridad permanecerían en el valle hasta concluir la siniestra tarea que tenían encomendada: que no quedara piedra sobre piedra, en el sentido literal de la expresión, dentro del perímetro previsto para ser engullido por el pantano. Una encomienda que se ejecutó con diligencia, pues se materializó en poco más de dos semanas.

Aquel verano se vivieron momentos desgarradores hasta el extremo. León perdía un jirón emblemático de su curtida piel, la montaña oriental se veía abocada al ostracismo a pesar de sus impresionantes parajes, los pueblos fueron arrasados, casa a casa, a golpe seco de excavadora. Mientras los vecinos, la mayoría de ellos desalojados de malas maneras, quedaban relegados al papel de testigos impotentes ante el derrumbe de sus hogares. Unas experiencias atroces que, 30 años después de que acontecieran, siguen vivas, muy vivas, en la memoria de quienes las padecieron y de quienes fuimos testigos de lo que entonces sucedió.

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Por aquellas fechas yo me había comprado mi primera cámara fotográfica; se trataba de una Zenit, un aparato sencillo que adquirí por el módico precio de 500 pesetas en la desaparecida óptica san José, en Ordoño II. Con esa cámara acudí en numerosas ocasiones a los pueblos de Riaño mientras estaban siendo arrasados por las máquinas. Allí tenía amigos, conocía a algunos tejadistas y en las elecciones municipales y autonómicas celebradas el 10 de junio de 1987, me había presentado por la UNLE (Unión Leonesista), la génesis de la UPL; una formación que ese año obtuvo representación en la mayoría de los municipios de la zona: Crémenes, Valderrueda, Burón, Acevedo… Las fotografías que ilustran el presente reportaje están hechas con esa cámara, la mayoría tomadas con carretes de diapositivas. Unas instantáneas que, aunque carecen de calidad, han sobrevivido milagrosamente al paso del tiempo. Su valor reside en que ofrecen el testimonio de unas escenas captadas hace ahora 30 años, en unos pueblos aniquilados sin piedad y cuya tragedia no merece caer en el olvido por el mero paso del tiempo.

El valle

En aquellas fechas de lágrimas y tensión, mientras los pueblos eran destruidos, no era sencillo acceder al valle de Riaño. Había que ingeniárselas. Aunque la carretera es una carretera nacional, la 621, a la salida de la localidad de Las Salas siempre había un control de la Guardia Civil que obligaba a detenerse y dar una explicación satisfactoria sobre el motivo y el destino del viaje. De no ser así, los agentes obligaban a los conductores a dar la vuelta y regresar por el mismo camino por donde habían venido. En mi caso, me identificaba como el Secretario General de la UNLE y manifestaba, fuera o no fuese cierto, que tenía una reunión de concejales. La verdad es que me acerqué a Riaño en numerosas ocasiones mientras duraron los derribos, y nunca se me impidió el paso.

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Al poco de atravesar Las Salas se llegaba a un túnel que desembocaba en el valle, por el margen derecho del río Esla: justo enfrente de la carretera actual, la nueva, que discurre por el margen izquierdo del pantano. Pasado ese túnel se entraba en otra dimensión, en un valle verde y frondoso con el Esla serpenteando juguetón aguas abajo en dirección a la presa. La presa: un colosal vientre de hormigón, de 101 metros de altura y tatuado en 1984 con pintura roja, el color de la sangre y del hierro incandescente. Señorea su inscripción de una sola palabra y diez letras, pintadas con caracteres gigantescos: DEMOLICIÓN.

Antes de ese verano de 1987, atravesar el túnel de Las Salas generaba un piélago de sensaciones todas positivas. Era como atravesar una puerta para encontrarse en un territorio diferente, mágico, límpido, de una belleza sobrecogedora. La gente de la montaña siempre se ha caracterizado por su carácter extrovertido y por su hospitalidad. Mis recuerdos hasta esa fecha en Riaño están ligados a conceptos como aventura, senderismo, acampadas, amistad o diversión. Pero en aquellas fechas en las que se estaban ejecutando los derribos, atravesar el túnel de Las Salas y llegar al valle era lo más parecido a adentrarse en medio de un campo de guerra o traspasar las mismas puertas del averno. De qué manera puede cambiar un paisaje de un día para otro cuando la desgracia se ceba con sus pueblos y sus vecinos. Parecía como si el aire fuera otro, como si se hubiera enturbiado hasta la propia atmósfera que se respiraba. Sí, eran otras, muy distintas, las sensaciones que se percibían bajo la mirada altiva de las crestas montañesas. Otra la realidad que se mascaba bajo esas catedrales rocosas, macizos que apuntan al cielo, testigos pétreos de la tragedia que se cernía sobre el valle. Y, además, barreras involuntarias de contención del agua cuando el río comenzara a embalsar.

 

Fecha de publicación                     Título

4 julio de 2017                        Riaño I. El túnel de Las Salas

5 julio de 2017                        Riaño II. Los pueblos y la lucha

6 julio de 2017                        Riaño III. Comienzan las demoliciones

7 julio de 2017                        Riaño y IV. El final

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Referéndum
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La Opinión de Luis Herrero | 07-05-2017 | 18:38| 0

«Pero estos datos a ellos, tan sensibleros a veces, no les escandaliza ni les escuece porque forman parte consustancial de su guión y de su momio

 

Escoció, y mucho. Que los máximos dirigentes provinciales de UGT y Comisiones Obreras exigieran un referéndum para que los leoneses pudieran pronunciarse sobre el mapa autonómico, no dejó indiferente a casi nadie. Una propuesta tan legítima y democrática como la de ofrecer la voz al pueblo ha concitado todo tipo de críticas escandalizadas. Como si cuestionar el mayor fiasco autonómico que se conoce fuera una idea estrafalaria o si el remover los cimientos de tan colosal desatino fuera considerada una cuestión de mal gusto.

Casi todos con el establishment, con la resignación y con el inmovilismo. Casi todos a favor de perseverar en el diseño autonómico, aún a sabiendas de su nulo apoyo social en León. Conservadores y progresistas, qué más da, han vuelto a demostrar idénticas reacciones, idénticos rictus totalitarios como si fueran (¿o es que acaso no lo son?) los mismos perros, pero con distintos collares. ¿Qué diferencia existe entre las reacciones de la Junta y la de los líderes autonómicos del PSOE?: ninguna. La solución para todos ellos, como siempre, sería hacer la vista gorda y mirar para otro lado. Nada de desempolvar el oprobio autonómico, nada de revolver las aguas ante la desfachatez que supuso privar al pueblo de León de su espacio en el mapa regional. Lo políticamente correcto pasaría por acallar las conciencias con el silencio sumiso de todos, y por el inmovilismo. Como si los políticos fueran momias rígidas, imperturbables al paso del tiempo, ofuscadas ante sus propios desvaríos.

Les escoció, y de qué manera, porque la situación es vergonzante y porque cada vez que alguien se lo recuerda ellos quedan en evidencia. Entonces asoma el plumero que define a los fariseos, a los necios, a los cobardes; a los que solo miran por su propio interés. De la misma manera que detrás de cada gran hombre suele haber una gran mujer, en política detrás de cada momia siempre aparece el momio. Momias que viven del momio, de la vida contemplativa a costa del contribuyente a la que se aferran con lo que tengan más a mano. Hasta con los dientes.

Sinvergonzonería

Pasó el día del Libro, que para casi nadie, excepto para Zapatero, también fue el día de Villalar. Una fiesta que siempre fracasa en León, pero eso no les importa. A ellos, a los que ahora se escuecen y se escandalizan, les da exactamente igual. Van a gusto en esa burra. Por esas fechas, vísperas de la festividad del Trabajo, se conocían los últimos datos que retratan el negro panorama que ofrece esta tierra: la que menos crece en términos de PIB de la comunidad, la que más población pierde de las nueve provincias, la que tiene más sujetos pasivos y con menor asignación media. León se presenta como la provincia pobre, la Cenicienta a la que han despojado de su identidad y a la que han robado su futuro. Pero estos datos a ellos, tan sensibleros a veces, no les escandaliza ni les escuece porque forman parte consustancial de su guión y de su momio.

Y con esos datos y otros muchos del estilo, hay quien se rasga las vestiduras por el hecho de que los sindicatos cuestionen el modelo territorial. A mí lo único que me resulta extraño es que no lo hayan cuestionado antes, o que no lo hicieran con un énfasis mucho mayor. Porque la despoblación, el paro, la emigración, el envejecimiento, el cierre de empresas o las nulas expectativas de futuro que tiene esta tierra son consecuencias inherentes a la configuración de la comunidad autónoma y al nuevo centralismo que se ejerce desde Valladolid. Y deben ser objeto de análisis objetivo por parte de todos los sectores sociales, como sindicatos, empresarios y partidos políticos.

De manera que no hay mucho que explicar a los que se escuecen, como el presidente de la Diputación de León, porque se entreveren las proclamas del 1 de mayo con el debate autonómico. Ni siquiera es preciso que se haga el tonto, ahora que aspira a medrar en el partido y aunque quiera quedar bien con su nuevo líder autonómico, ni que se pase de listo. Los mensajes genéricos del Día del Trabajo, como la discriminación de la mujer o los derechos de los trabajadores para nada se contradicen con la situación específica que padece la provincia de León como consecuencia de los 34 años autonomía castellana y de los 30 años de gobierno del Partido Popular.

Cada cual tiene sus sueños y entre los míos se encuentra el que el cargo de presidente de la Diputación de León tenga sus días contados, (tranquilo Juan), porque en el futuro se convierta en el del presidente de la comunidad autónoma de León.

Esperemos que esta postura reivindicativa de los sindicatos no se quede en el titular de un solo día. Comisiones Obreras y UGT han encontrado una senda coherente en la defensa de los trabajadores de esta provincia. Y del otro lado, para aquellos sensibleros que se escandalizan ante una iniciativa que se limita a promover el derecho de  participación de los leoneses, tal vez porque este tipo de debates desvelan la sinvergonzonería de su pasividad durante décadas ante la realidad de León, cabría pedirles que permanecieran tranquilos, que no se pusieran nerviosos; que aplicaran sus energías en cuestiones más productivas para esta tierra.

Que disimulen mejor su contrariedad pues por todos es sabido que quien se pica, ajos come.

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El impuesto de los muertos
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La Opinión de Luis Herrero | 29-04-2017 | 17:42| 0

»Ciudadanos debería explicar por qué presume de eliminar el impuesto de sucesiones en Murcia mientras en Valladolid firma mantener a Castilla y León como la quinta autonomía con mayor carga impositiva

 

En las últimas semanas miles de personas se han echado a la calle para protestar por ese anacronismo injusto, esa auténtica antigualla que grava a los hijos y a los cónyuges por heredar o por donar. Un impuesto que divide a los españoles en dos clases, los que lo pagan y los que se libran de él. Resulta lógico que en las autonomías del primer grupo, aquellas que padecen este gravamen, se sucedan las manifestaciones exigiendo su supresión. Asturias, Andalucía, Aragón y Extremadura conforman las cuatro comunidades que más carga impositiva someten a las sucesiones y las donaciones, y en ellas se han desarrollado las protestas más multitudinarias en contra de este tributo. La siguiente más gravosa, la quinta de entre diecisiete autonomías, es Castilla y León.

En un ejemplo práctico difundido por varios medios nacionales pueden apreciarse las diferencias de las obligaciones tributarias de los herederos, en función de la comunidad donde residan. Ante una situación idéntica, mientras un leonés tendría que pagar casi 90.000 euros, a un gallego se le reduciría el gravamen a la sexta parte (15.000 euros), un riojano pagaría treinta veces menos que el leonés y madrileños y cántabros liquidarían el tributo con poco más de 1.000 euros en cada caso. Eso significa que, por la misma herencia, un vecino de Boca de Huérgano estaría obligado a satisfacer 75 veces lo que pagaría si viviera en Potes. Un escándalo en toda regla. Todo un despropósito para los leoneses cuyo responsable, la Junta, desgravaba el 99% del impuesto hasta el año 2012.

Castilla y León es la comunidad, de entre las gobernadas por los conservadores, donde el impuesto es más alto. Resulta curioso comprobar cómo el PP a nivel nacional presume de gobernar las comunidades que menos gravan las sucesiones y donaciones, pero nada dice sobre la autonomía que ocupa el quinto lugar en presión impositiva por este concepto. Nada dice sobre la desigualdad tributaria que soportan ciudadanos de comunidades limítrofes y gobernadas por el mismo partido. En los próximos días, cuando se discutan los presupuestos autonómicos, Juan Vicente Herrera y los procuradores leoneses del PP deberían explicar por qué un berciano tiene que tributar seis u ocho veces más que un gallego y un vecino de Coyanza o de Sahagún incluso multiplicará por cien lo que se paga en Madrid por las mismas sucesiones o donaciones.

Murcia

Precisamente, mientras se presentaban los presupuestos de Castilla y León, en otra comunidad, en Murcia, debatían la investidura del nuevo presidente. Tanto los presupuestos de la Junta como la investidura del presidente de Murcia son fruto de pactos entre el PP y Ciudadanos. Se trata de los mismos actores, en ambos casos se refieren de una u otra manera al mismo impuesto, el de sucesiones y donaciones, pero no llegan a los mismos acuerdos. Ni parecidos.

Porque mientras en Murcia Ciudadanos se ponía la medalla por haber conseguido, directamente, la supresión del tributo, el presupuesto presentado en Valladolid se limita a elevar el mínimo exento de 250.000 a 300.000 euros. Nada que ver entre un caso y otro. De modo que la formación naranja debería dar explicaciones. Y muchas. Ciudadanos debería explicar por qué presume de eliminar el impuesto de sucesiones y donaciones en Murcia mientras en Valladolid firma mantener a Castilla y León como la quinta autonomía con mayor carga impositiva. Por qué en la región mediterránea defiende la supresión del impuesto y a orillas del Esla, del Bernesga o del Sil persevera en sus efectos injustos. Por qué en otros lugares apoya la idea de que las transmisiones entre parientes más próximos no deben tributar y en León practica exactamente la política contraria. ¿A qué juega Ciudadanos? ¿O, sencillamente, es que en Murcia tiene negociadores más competentes que en León?

Tanto el PP como Ciudadanos muestran una desfachatez ilimitada al presentar discursos antitéticos según de qué territorios se trate. En este caso se trata del impuesto de los muertos (sucesiones) y de los vivos (donaciones). Pero a la vista de sus políticas erráticas, de sus incoherencias en términos de doble tributación para algunos y para otros no, y del atentado que cometen contra el principio de igualdad para todos los españoles, más parece que tratemos de una sempiterna concatenación de desatinos. O del impuesto de los listos y de los tontos: de las autonomías que lo pagan y de las que lo eluden. O de los pueblos que obligan a sus parlamentarios autonómicos a aprobar leyes tributarias equilibradas, y del resto. Al final, llegaremos a la conclusión de siempre: que hay mucho vivo suelto y que sus desmanes los pagamos todos. Hasta los muertos.

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Cloacas
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La Opinión de Luis Herrero | 22-04-2017 | 18:36| 0

»Podemos pasea en autobús las miserias de los dos principales partidos políticos y a Pedro Sánchez le han puesto en bandeja la victoria en las primarias del PSOE

 

Pasada la semana de Pasión, todo hacía prever que comenzaría el vía crucis para el Partido Socialista en su travesía incierta hasta resolver el liderazgo. Sobre el papel le tocaba al PSOE sufrir, sacudirse aún más en el proceso catártico en el que se encuentra, exhibir sus desgarros sin tapujos hasta el punto de que los candidatos ni siquiera se saludan cuando coinciden en el homenaje a Carme Chacón. ¿Qué mensaje están transmitiendo a los ciudadanos quienes aspiran gobernar el país, pero ni siquiera demuestran la educación de dirigirse la palabra entre los suyos?

Pero, en contra de lo previsto, el auténtico calvario de la semana lo sufrió el PP. La citación de Mariano Rajoy para que acuda a declarar a la Audiencia Nacional como testigo y sobre todo la detención del expresidente de la comunidad de Madrid, Ignacio González, ha dejado hecho unos zorros al gobierno de España y al partido que lo sustenta.

Los datos que se van conociendo sobre los ilícitos en que pudo incurrir González (Ignacio) recuerdan cada vez más a la época de González (Felipe), cuando desde ministros, secretarios de Estado, presidentes autonómicos, directores de la Guardia Civil, directores del Banco de España o directores del BOE pasaban a diario por los juzgados.

Ahora el aparato el aparato del PP le pide la cabeza a Esperanza Aguirre, le exige que se inmole. Necesitan un cabeza de turco para calmar las aguas. Ella. La expresidenta de Madrid ya había justificado su dimisión al frente del PP madrileño por culpa “in vigilando”: no tenía conocimiento de las actividades ilícitas de sus colaboradores, pero debe responder por no haber sido más meticulosa, por no haber vigilado los desmanes que se estaban produciendo en su entorno político. Entonces, febrero de 2016, dimitió de sus cargos orgánicos en el partido. Pero mantuvo su escaño como concejala y portavoz de su grupo en el ayuntamiento de Madrid.

Culpa in vigilando

Me parece correcto que el aparato de su partido le pida que dimita de las responsabilidades institucionales que aún conserva. Ya está tardando: debería haberse ido hace años, cuando se empezaron a destapar las diferentes tramas que se fraguaron a su alrededor o cuando el juez envió a prisión a Francisco Granados. El PP necesita insuflarse ánimos, regenerarse y, sobre todo, tener un discurso creíble. Lo que ya no entiendo es que el partido del gobierno pretenda transmitir una actitud ejemplarizante frente a la corrupción y limite la culpa in vigilando a la lideresa. A nadie más.

Porque tan honorables pueden ser las trayectorias políticas de Esperanza Aguirre como las de Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal. Y la misma responsabilidad de vigilancia cabe exigir a la única mujer que ha presidido el Senado por los casos de corrupción en su comunidad, como a sus dos jefes directos por los escándalos protagonizados por dirigentes del PP que salpican la geografía nacional. La misma. Cabe preguntarse con qué autoridad moral Rajoy/Cospedal van a exigir la dimisión de Aguirre mientras ellos se mantienen en sus tronos. Qué coherencia demuestran cuando a ellos como presidente y secretaria general del PP nacional les ha reventado casos de corrupción por todas partes, desde Baleares a Valencia, desde Murcia a Galicia o desde León a Andalucía. Dónde están la regeneración, la contundencia frente a los corruptos, las respuestas ejemplarizantes, si quienes tenían la obligación de erradicar estos fenómenos de la vida pública han convertido el patio político nacional en una cloaca hedionda y ellos mismos se aferran con denuedo a las más altas poltronas del poder.

Mientras el dúo conformado por Rajoy y Cospedal no se retire de la vida pública el PP no podrá ofrecer una imagen de credibilidad ni de contundencia en su lucha contra los corruptos.

Del otro lado del espectro político, Podemos airea en autobús las miserias de los dos principales partidos políticos y a Pedro Sánchez  le han puesto en bandeja la victoria en las primarias del PSOE. Un partido este que el único mensaje que transmite con nitidez es que cada vez está más de aquella manera, más partido. Luego algunos se extrañan de que los ciudadanos hayan entrado en ese bucle tan peligroso como imprevisible al considerar a los políticos uno de los principales problemas que aquejan al país.

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Santarrostru
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La Opinión de Luis Herrero | 17-04-2017 | 10:20| 0

 

»Me quedo con el talento de esta gente extremeña/leonesa, tenaz, infatigable, apasionada por el séptimo arte, que ha conseguido que el milagro se vuelva a producir.

 

A veces la distancia entre un proyecto quimérico y su materialización es tan corta/larga, tan sencilla/complicada, como poner una fe desbordante en el objetivo y asumir cuantos sacrificios requiera su consecución. Y todo ello aderezado siempre con mucho cariño, pues también a los sueños hay que ponerles amor para allanarles el camino para que se cumplan.

Estas reflexiones me surgieron cuando en febrero de 2014, en un abarrotado Auditorio Ciudad de León, cayó el telón tras proyectarse Territoriu de bandolerus. En ese momento el edificio parecía que iba a sucumbir ante la emotividad de los aplausos con que el público asistente, puesto en pie, celebró la película. Idéntica actitud manifestarían quienes acudieron a su presentación en todas los pueblos y ciudades donde se ha proyectado. Con esa reacción espontánea, los espectadores, así como la amplia repercusión mediática y los galardones obtenidos por el filme, reconocían el magnífico trabajo realizado. Arrastradas por el director Néstor del Barco, un elenco de más de doscientas personas obraron el pequeño/gran milagro que representa la cinta que se acababa de visionar. Porque la película engancha desde el primer momento, emociona y pone al público en la piel de los personajes en cada escena, como si todos los que interviniesen en ella fueran profesionales o como si el filme tuviera un presupuesto millonario, con subvenciones a cargo del erario público todavía más millonarias.

Pero la realidad es muy diferente y mucho más meritoria: Territoriu de bandolerus surgió de un grupo de autodidactas y nunca gozó del maná/financiación con cargo al contribuyente. Pelillos a la mar: las ganas de hacer cosas y de hacerlas bien bastaron a los responsables de la cinta para suplir las carencias personales y las limitaciones económicas. Y consiguieron convertir una entelequia que anidaba en sus cabezas en una obra de arte.

Salamanquesa

Ahora se nos anuncia el estreno de una nueva película dirigida por Néstor del Barco, Santarrostru, que se presentará en León el próximo sábado 6 de mayo.

Santarrostru (salamanquesa en Extremadura) llega trufada de guiños a León. El director, un fenómeno del celuloide, reside en León y considera que su alma es leonesa y su corazón extremeño. Las escenas están rodadas en Ferral del Bernesga, en el campo de golf de San Miguel del Camino y en la capital leonesa, además de en la localidad cacereña de Serradilla, de donde es oriundo el director y donde se rodó Territorio de bandolerus, y en Monsanto (Portugal). La banda sonora corre a cargo, entre otros, de Luis Quiroga, y del coro Vegazana de León. Vuelven los actores leoneses, Goyo Sarmiento, quien ya bordó el papel de malo en la película anterior y ahora repite en esa representación, José Luis Ramos o Javier del Barco, y surgen otros nombres de León como Alberto NicolásAriadna Borge, Rodolfo Herrero, Miguel Ángel Barajas, Javier Bermejo, Inés Diago o María José Pavía.

Me quedo con el talento de esta gente extremeña/leonesa, tenaz, infatigable, apasionada por el séptimo arte, que ha conseguido que el milagro se vuelva a producir. Me quedo con sus mujeres/hombres, con sus padres/hijos, con el sentido de la amistad de todos ellos, para entre todos hacer más llevadera la aventura de hacer cine: cine del bueno. Su fe ha vuelto a mover montañas. Ellos sí que pueden presumir de que después de superar mil contratiempos durante dos años han conseguido un final de película.

Cuando coincida con alguno de estos protagonistas por las calles de León, las tiendas de San Andrés del Rabanedo, los bares de Trobajo, donde Mundo o en alguna de las bodegas que tan bien conocen en Ferral, entre orujos de hierbas y gintonic les preguntaré para cuándo prevén volver a ponerse delante de las cámaras (o detrás, según de quién se trate). Para cuándo el tercer gran largometraje. Porque no hay dos sin tres. Y menos tratándose de amor al arte inoculado en las venas y que como en este caso resulta tan especial que es de cine.

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Tiempos de pasión
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La Opinión de Luis Herrero | 09-04-2017 | 22:40| 0

»Han pasado en cuestión de horas a presentar al leonés como el mejor candidato para presidir el partido en las nueve provincias a advertir que no representa la mejor opción para dirigir el partido, ni siquiera en la provincia de León.

 

 

Este año alumbra la Semana Santa con un cielo despejado y el astro haciéndose notar, suave y cálido, en el ánimo de todos. Brilla el cielo y redoblan los tambores, retumban las cornetas, toman las calles crucificados y dolorosas en sus tronos floridos pujados por cientos de cofrades. En León la Semana Santa se vive con pasión. Ansiosos, miles de hermanos aguardan durante todo el año estas fechas y cuando llegan se transforman, se les dispara la adrenalina y consiguen llenar de colorido, música y fervor los pueblos y ciudades de la provincia, empezando por la propia capital. Para ellos y para sus familias no hay otra cosa más importante ni otro tema de conversación: las cofradías, los pasos, las bandas, la imaginería, el momento de procesionar. Pero León en todas sus vertientes es tierra de contrastes y de matices, y al lado de quienes conciben la Semana Santa de la manera más tradicional, que ni siquiera significa más devota, conviven los que la disfrutan desde otro tipo de prisma. Porque esta es la tierra de la diversidad en sus comarcas, de foros y ofertas, de debates continuados. Es la cuna del parlamentarismo, bien que les pese a Mañueco y a Puigdemont aunque no han sido contestados con la misma intensidad uno y otro, puede que porque algunos sean tan dados a envalentonarse frente al que les queda lejos como a amilanarse cuando tienen enfrente a su interlocutor. La Semana Santa se viste de papones de mil cofradías, de limonadas que matan judíos, de chapas adineradas con las que no pudo ni el franquismo, de torrijas, de bacalao, de manifestaciones religiosas, de manifestaciones profanas y de genarines que procesionan su devoción por el orujo.

Son tiempos de pasión ante el terror, como lo demuestran los últimos atentados en Estocolmo y en Egipto. Los egipcios son un pueblo que se esfuerza porque el visitante se lleve un buen recuerdo de su país, que vaya hablando bien de esas tierras cargadas de historia, de faraones, de templos y de dioses, que a su regreso anime al mundo a conocerles. Un país bañado por el río más largo del mundo, o eso se creía hasta que las mediciones modernas otorgaron tal honor al Amazonas. El Nilo es un canto a la vida en mitad del desierto, una maravilla que a nadie deja indiferente, una fuerza magnética que invita a empatizar con sus lugareños y a compartir la panorámica con los compañeros de viaje. Las muertes provocadas por los terroristas constituyen un despropósito, pero también lo es el hecho de que por culpa de un puñado de fanáticos el turismo se resienta, y con él buena parte del futuro de miles de hogares egipcios.

Vía Crucis

Vía Crucis es, aunque de otro tipo, el que atraviesa León maniatado a Castilla. Los presupuestos del Estado de Rajoy para el presente ejercicio meten un tijeretazo del 40% a las inversiones previstas para esta tierra. León es la provincia que más sufre los recortes de toda la autonomía. Unos tijeretazos que destapan las vergüenzas de un gobierno (y de sus palmeros, Ciudadanos) cuando afirma que lo peor de la crisis ha pasado, que la recesión es historia, que en este ejercicio se va a batir un récord de recaudación y, al mismo tiempo, reduce las inversiones para León a niveles de hace quince años cuando gobernaba José María Aznar.

Pero en este tiempo de pasión, si hay que buscar a un eccehomo político, ese sería sin duda el alcalde de la capital. Es frecuente que la política aflore lo peor del individuo: sus ambiciones desmedidas, el juego sucio, el afán de medrar, las maniobras inconfesables, la capacidad de traicionar, de engañar, de noquear a quien le dedicas cada día la mejor de las lisonjas. Pocas veces se ha repetido tan a menudo la palabra amistad como en los últimos días, y en menos ocasiones aún se ha comprobado la vacuidad con que se pronuncia. Opino que la política, entre compañeros de una misma formación, no es el mejor lugar para hacer amigos y sí para perderlos. Tal vez por eso duelen más las felonías, las bajezas, las filtraciones interesadas de los supervivientes eternos del sillón, auténticos profesionales del juego sucio, el cambio continuado de lealtades, las cuchilladas por la espalda. Un millón de veces son preferibles las puyas del adversario, más elegantes y previsibles, que las cuñas de la propia madera. En los últimos días los leoneses hemos presenciado cómo algunos, demasiados, han hecho la cama a su amigo y compañero. Amigos y compañeros, (¿amigos?, ¿compañeros?), que han pasado en cuestión de horas a presentar al leonés como el mejor candidato para presidir el partido en las nueve provincias (y se supone que también para presidir el gobierno de la comunidad) a advertir que no representa la mejor opción para dirigir el partido, ni siquiera en la provincia de León. Se repite la historia de Judas y las treinta monedas en su versión más descarnada. Qué nivel, Maribel.

Al otro lado del escenario político, el PSOE aguarda temeroso a que concluya esta Semana Santa. A partir de entonces, para sus militantes, comenzará un muy particular vía crucis, cuyo final resulta imprevisible. Todavía quedan dos años para las próximas elecciones municipales y autonómicas, pero son muchos los alcaldes, procuradores y diputados provinciales de todos los colores que se juegan su futuro político (y económico) en las próximas fechas. Así que en este tiempo de pasión, los supervivientes políticos, aquellos que se aferran al sillón y justifican los medios con tal de alcanzar tal fin, se darán una tregua: se ocuparan más de las procesiones que recorren las calles leonesas que de las procesiones que van por dentro de cada uno de ellos.

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La chistera nacional
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La Opinión de Luis Herrero | 02-04-2017 | 18:19| 0

Puede que Groucho Marx no estuviera tan desencaminado como algunos imaginan cuando advirtió que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

 

La actualidad de la semana pasada, como todas las anteriores desde hace una eternidad, como las que seguirán hasta no se sabe cuándo, ha estado polarizada por Cataluña. Que si el Tribunal Supremo notifica al Congreso la sentencia de inhabilitación a Francesc Homs, que si el Gobierno recurre al Tribunal Constitucional los presupuestos catalanes y pide que advierta al presidente de la Generalitat que el desacato a los jueces constituye delito, como si la ignorancia de la ley excusara de su cumplimiento, que si Rajoy como presidente del PP clausura el congreso del PP catalán. O que si Rajoy como presidente del Gobierno de España y prestidigitador mayor del Reino acude a un encuentro con empresarios catalanes y se saca de la chistera un conejo cifrado en 4.200 millones de euros de inversiones en infraestructuras para Cataluña.

Y ha sido esta última iniciativa la que ha removido más conciencias, más suspicacias, más sentimientos de agravio por toda la piel de toro patria. Desde Andalucía hasta Asturias, desde Valencia a Extremadura, la prensa local de toda España se ha hecho eco de una evidencia que sufrimos los españoles: mientras a todos, en mayor o menor medida, se nos aplican recortes, incluso en los servicios de mayor calado social como la Sanidad o la Educación, con la excusa de que hay crisis y escasean los recursos, el prestidigitador Rajoy encuentra miles de millones de euros para lucirse en un viaje institucional. Lo siguiente que muchos han pensado es que se trata de una venda para tapar la hemorragia de un secesionismo catalán atrincherado en sus dogmas, en su intolerancia. Y la conclusión a la que algunos llegan es que van a obligarnos a presentarnos todos como secesionistas, a negar nuestra condición de españoles como Pedro negó a Jesús o como quien pide la portabilidad de una compañía de telefonía a otra, para llamar la atención del Gobierno Central sobre las necesidades de cada territorio.

Presumo y llevo a gala el sentimiento de pertenencia a un gran país: siempre me he manifestado español por los cuatro costados y a mucho orgullo, aunque a veces esa declaración provoque interpretaciones erróneas o adscripciones indeseables. Pero, con idéntico tono categórico, también he advertido que no creo en esta España invertebrada y cainita, en este país de opresores y de oprimidos, en una nación donde una parte de sus políticos convierten la gestión pública en espectáculo y el resto se han enquistado en la contemplación y el momio mientras regiones enteras se desertizan social, cultural, demográfica y económicamente. Y no pasa nada. Tampoco puedo reconocerme en un país que niega el reconocimiento regional a León, la única región que ha sido borrada del mapa de las autonomías, una tierra que ha contribuido como ninguna otra a forjar la esencia de España.

Encaje de bolillos

Puede que Groucho Marx no estuviera tan desencaminado como algunos imaginan cuando advirtió que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Al menos eso es lo que pensé cuando seguí algunas de las intervenciones que se escucharon en el Congreso del PP de Castilla y León este fin de semana. Apareció el prestidigitador de la chistera en Cataluña, pero esta vez descorbatado, con pinta de pobre, la americana de los mítines y sin otra cosa que ofrecer más allá de parabienes a todos y palmaditas a los más próximos. Vino para asistir al entierro de Juan Vicente Herrera como líder de los conservadores. Pero esta visita, a diferencia de la cursada a Barcelona a principios de semana, le salió barata. O mejor, gratis: ¿para qué iba a comprometerse con una tierra que aunque no haga nada por ella le sigue votando? Tan embelesado estaba Rajoy en Valladolid, capital de la autonomía considerada granero de votos de su partido, que restó un lustro, nada menos que un lustro, a los años que llevan gobernando: dijo que gracias a los militantes el PP debería estar otro cuarto de siglo ganando elecciones, cuando lo cierto es que no lleva veinticinco años, sino treinta (que cumplirá el próximo mes de julio) ganando elecciones y gobernando la Junta. O cuando el nuevo líder de la derecha autonómica proclamó que Castilla y León es la cuna del parlamentarismo y de la universidad más antigua del mundo (la de Salamanca), cuando la realidad es que tanto una como la otra tuvieron su origen bajo el reinado de Alfonso IX de León. No de Castilla ni de Castilla y León, señor Mañueco: de León, rey de León. Apagados los focos del congreso y desvelada la nueva ejecutiva podemos colegir que los populares en la autonomía  presentan un perfil más de derechas y menos de centro. Y que el PP autonómico ahora es aún más de Catilla y es aún menos de León, una tierra donde a sus militantes (a los que están al corriente de las cuotas y a los que no lo están) solo les queda relamerse de las heridas, de las humillaciones y de las fracturas sufridas en el proceso de primarias, y cruzar los dedos para que no se produzcan nuevos desgarros cuando se celebre el congreso provincial.

La política es un espacio para prestidigitadores, chisteras, conejos; pero también para los encajes de bolillos en los argumentos y en la dialéctica, aunque lo que salga sea un churro chabacano. Y es que en política todo vale. Porque el respetable no se subleva contra quienes, como Mañueco, les niega la identidad o les roba el protagonismo en la celebración de las primeras cortes democráticas del mundo o el mérito de fundar la primera universidad. Ni contra Luis Tudanca que se pregunta cuándo van a decidir los castellanos y leoneses sobre su futuro, como si el líder de los socialistas en Valladolid o el PSOE de Castilla y de León se hubieran caracterizado en algún momento por defender el derecho de los leoneses a decidir sobre su futuro, empezando por su futuro autonómico. Ni contra Tino Rodríguez quien se ofrece para dar lecciones de identidad leonesaPuigdemont (con cambio de reina incluido en uno de los libros que le recomienda para ilustrarse) cuando, en su condición de procurador autonómico, pertenece a un parlamento que precisamente supone la negación territorial de aquellas primeras cortes democráticas y al que el líder de los socialistas leoneses no parece que le haga ascos: ni a ese parlamento, ni a su configuración territorial, ni a lo que representa la comunidad autónoma en cuanto a negación de lo leonés. ¿O es que ahora que el PSOE está patas arriba, va a replantearse el discurso que mantiene respecto a León, al derecho de los leoneses a decidir su futuro autonómico o al diseño autonómico actual?

Unos y otros se aprovechan de que los ciudadanos apenas prestan atención a los políticos, a sus chisteras, a sus encajes de bolillos. Lo malo de esta situación es que, como ya previno Arnold Joseph Toynbee, “el mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan”.

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Otro punto de vista de la actualidad por Luis Herrero Rubinat