Leonoticias
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Fecha: enero, 2017
Carta a Juan Vicente
La Opinión de Luis Herrero 30-01-2017 | 10:43 | 0

»Comparto contigo que Mariano debería mirarse al espejo, pero ¿no te has planteado que tú también podrías aplicarte el cuento y preguntar a tu reflejo si compensa ejercer como presidente de una Junta que tanto daño hace a León?

 

Estimado Juan Vicente:

En contra de lo que algunos piensan, este género, el epistolar, no está ni mucho menos en desuso. Sin ir más lejos hace algunas semanas escribí a los Reyes Magos y, por medio de la presente, ahora me dirijo a ti. Tú mismo, en fechas pasadas, le has enviado una carta a Rajoy.

Es precisamente sobre esta misiva sobre lo que me propongo reflexionar. Primero sobre la forma, que no acabo de entender. Porque uno, en su candidez, barruntaba que en aplicación del principio de colaboración interadministrativa este tipo de mensajes  se transmitían de una manera más directa, más fluída. Más eficaz. No a través de una simple carta, máxime cuando se trata de responsables públicos que comparten siglas y partido. ¿De verdad que no dispones de otros canales para comunicarte con tu jefe político, o te limitas a hacer el paripé? Al método del carteo , por cierto, no es la primera vez que recurres.

¿El presidente no se te pone al teléfono ni te recibe?

No puede ser que a ti te pase con Mariano lo mismo que a mí con Melchor, Gaspar y Baltasar. Mis opciones de comunicación con ellos están constreñidas al servicio postal y solo una vez al año. ¿El presidente no se te pone al teléfono ni te recibe, ni hablas con él cuando coincidís en actos institucionales o de partido?

Pero lo más preocupante es el objeto de la misiva: el finiquito de la minería y la práctica desaparición del carbón nacional. El final de un modo de vida y la pérdida de los 15.000 mineros que llegó a tener la provincia leonesa. Una catástrofe de tal intensidad como para plantear si no se habrá pasado ya el arroz de la lamentación. Y si no resulta insultante tu actitud de poner tiritas o simples misivas lacrimógenas en medio de la hemorragia provocada por las cuchilladas al sector de tus compañeros en el Gobierno y por sus antecesores socialistas.

Porque tú y los tuyos, objetivamente, habéis hecho mucho daño al carbón nacional. Ya sé que no soy objetivo en la valoración, pero esa Junta que presides nunca ha estado al nivel de exigencia que requerían los intereses de León. Siempre ha estado Allí, lejos de esta tierra. Puede que en algún momento alzaras la voz y exhibieras algún conato de disputa pública entre los gobiernos de Madrid y de Valladolid, entre Rajoy y tú. Pero nunca has echado el resto, siempre procuraste reconducir las relaciones y enfriar los amagos de tensión entre vosotros para que todo quedara en nada. Amagas pero no das. El ministro Soria no dimitió por tus presiones, sino porque apareció en los papeles de Panamá y, aún así, Rajoy le quiso recompensar ofreciéndole un puesto en el Banco Mundial. Tampoco el Ejecutivo ha cambiado su política con el carbón. Al final tú terminas callando y ese silencio, junto con la inacción de la Junta, te convierte en cómplice de los desaguisados del Gobierno de Madrid.

¿A quién crees que vas a convencer a estas alturas, mientras Rajoy fuma puros esperando a que llueva?

Podrás decir que tan mal como vosotros, o peor, lo han hecho los otros. Y tienes razón. Entre todos —empezando por Zapatero y Rajoy o el comisario de la Competencia de la UE, Joaquín Almunia, y el ministro Soria— mataron a la minería leonesa y ella sola se murió. El PSOE llegó a considerar como un triunfo que ese comisario, ex Secretario General del partido y designado por el propio Zapatero, prorrogara del 2014 al 2018 el final del carbón nacional. Por eso no entiendo cómo algunos conspicuos socialistas, desde el más rancio oportunismo, utilizan la tragedia que viven las cuencas mineras leonesas para procurarse un puñado de votos: ora en vísperas de un proceso electoral, como fue el caso de Patxi López en La Robla en mayo de 2014, ora ante la inminencia de un congreso del partido como pudimos comprobar con la reciente visita de Susana Díaz. Tampoco entiendo que socialistas y populares os tiréis los trastos por ver quién ha hecho más daño al sector. Los dos habéis sido letales para la minería leonesa y lo justo es que se os reconozca a ambos vuestra eficiente contribución para desmantelarla.

De manera que la carta llega tarde, por un canal inadecuado y sin la contundencia exigible. Tú mismo has descartado cualquier ramalazo de presión al Gobierno central cuando afirmas que «no se trata de presionar, se trata de convencer». ¿A quién crees que vas a convencer a estas alturas, mientras las cuencas se desertizan, el recibo de la luz se dispara y Rajoy fuma puros esperando a que llueva?

Ignoro si has remitido solo la carta, cuyo texto, dicho sea de paso, aún ignoramos todos, o si la acompañas con algún presente. Por ejemplo si también envías un espejo para que se mire Rajoy. Comparto contigo que Mariano debería contemplarse desde el otro lado del cristal, pero ¿no te has planteado que tú también podrías aplicarte el cuento y preguntar a tu reflejo si compensa ejercer como presidente de una Junta que tanto daño está infligiendo a León?

Será curioso comprobar cómo la carta que has enviado al presidente del Gobierno y la que yo escribí a los Magos de Oriente tendrán el mismo destino y la misma eficacia. Una y otra han sido enviadas desde el convencimiento de que no van a obtener respuesta positiva. Remitir una carta a Rajoy para pedirle que tenga un mínimo de sensibilidad con el carbón nacional es como escribir a los Reyes Magos. Ahora toca quedarte de brazos cruzados otra temporada más, contemplando el horizonte detrás de los ventanales del palacio presidencial a ver si llueve.

 

 

 

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Valladolid
La Opinión de Luis Herrero 23-01-2017 | 11:59 | 0

Intrépidos ellos, los componentes del Dúo Dinámico de la derecha provincial porfían en un imposible: la confraternidad entre León y Valladolid. Alcalde de la capital y presidente de la Diputación, voces melódicas que cantan al ritmo de los sones que marca la Junta de Allí, confunden, inocentes ellos, el compadreo que promueven entre las dos provincias con la cruda realidad de esta tierra. Y tan pernicioso es abrir guerras que no existen o ahondar en las brechas abiertas, como eludir los escollos chirriantes que condicionan el entendimiento entre ambos pueblos.
Valladolid para los leoneses siempre fue una provincia más. Tierra brumosa, territorio inexpresivo y cuna de fervorosos fascistas; no en vano se la conoció durante una época como Fachadolid. Hasta 1983 sus referentes más destacados eran la Fasa, la Semana Santa y el vino.

El gordo y la losa

Pero con la configuración de la autonomía de Castilla y León, la Junta de Allí, que no Valladolid ni sus gentes, centralizó todo. Desde esa perspectiva, el nuevo entramado administrativo es reflejo de un dispendio que supone la negación de las aspiraciones autonómicas de León, el menosprecio a miles de voces que exigieron una autonomía propia y la entrada en barrena para la economía y la demografía de esta tierra.

A estas alturas nadie puede negar que el mapa autonómico supuso mucho más que el gordo de la lotería de Navidad para Valladolid y una losa de peso infinito sobre León. Sin ir más lejos, la semana pasada deparó tres ejemplos que ilustran los anteriores asertos. Tres muestras representativas referidas, precisamente, a la economía, la demografía y las infraestructuras.

La economía de la provincia de León fue la que menos creció de toda la comunidad autónoma en 2016, y la que se espera que tenga peor comportamiento en 2017. Por contra, el eje Valladolid-Burgos-Palencia lidera el crecimiento del PIB de las nueve provincias, tanto en lo que se refiere al año anterior como a sus perspectivas para el presente. Además, León es la única provincia de la comunidad que pierde empleo industrial (-69 trabajadores) frente a la que más gana, Valladolid (+1545).

Referido a la demografía, acabamos de conocer que León es la quinta provincia española que más población ha perdido en 2015. En solo un año el Padrón ha disminuido en 5.796 habitantes. Desde que se configuró la autonomía de Castilla y León la provincia se ha dejado por el camino 54.574 habitantes. Entonces, en 1983, los 528.178 habitantes de León sobrepasaban en 41.057 a Valladolid según el INE. Por contra, a uno de enero del año pasado, la provincia vecina ya nos supera en 50.075 personas, casi ha alcanzado la población que tenía León en aquellos años y nuestra provincia tiene menos empadronados de los que tenía Valladolid antes de convertirse en la capital de todo. 

Y una de infraestructuras. Justo cuando el presidente de la Diputación presentaba en Fitur la última ocurrencia para alimentar el compadreo entre las dos provincias, la del maridaje culinario entre León y Valladolid (sic), la patronal daba un puñetazo sobre la mesa, harta del ninguneo de la Junta de Allí con León. Empresarios de Galicia, Asturias, Cantabria y León clamaban contra la marginación del corredor del noroeste (que interesa y mucho a León) frente al de Aveiro, que pasa (¿será casualidad?) por Valladolid.

Son tres ejemplos tan reales como la propia cotidianeidad que padece León. Tres muestras que nos presentan la otra cara del maridaje culinario, la más cruel: aquella que pretende hacer comulgar a los leoneses con ruedas de molino vallisoletanas.

Maridajes y divorcios

Los afectos o desafectos entre territorios no se modulan en función del oportunismo de sus políticos, ni de sus guiños afectados ni de las ocurrencias para la galería. Antes que nada, es básica la libertad entre las partes para relacionarse entre sí: resulta inconcebible sentirse cómodo cuando eres víctima del cautiverio de una autonomía ficticia y de los caprichos interesados de una capitalidad denostada. Pero también, para que una relación sea fluida, es básica la constatación de un mínimo sentido de reciprocidad en las relaciones bilaterales. Y está claro que entre León y Valladolid no existe correspondencia, ni reciprocidad ni nada que se le parezca.

Castilla y León como autonomía va a cumplir 34 años, de los cuales 30 ha sido gobernada por los mismos. El PP es el máximo responsable, que no el único, del erial económico, social y cultural que padece León. Los alabarderos de la Junta de Allí, aquellos que propugnan compadreos imposibles, prestarían mucho mejor servicio a los leoneses si ocuparan el tiempo en gestionar mejor sus respectivas instituciones, en ser más reivindicativos con sus colegas de partido (empezando por cambiar ellos mismos esa actitud cómplice, entusiasta y servil que siempre les ha caracterizado) y en evitar ocurrencias rayanas al esperpento.

Frente al maridaje culinario entre León y Valladolid mi receta pasaría, directamente, por el divorcio conyugal. Propongo un menú alternativo al de los gavinotes de la Junta, porque en este ellos mismos se lo guisan y ellos solos se lo comen. Empezaríamos con unos entrantes proteínicos para romper las cadenas que asfixian a León y le tienen aherrojado a la Junta de Allí. Un primer plato ligero de productos autóctonos para poner a la idiosincrasia leonesa al mismo nivel que el resto de realidades regionales de España. En el segundo plato, con toda la carne puesta en el asador, devolveríamos a los leoneses las riendas de su destino, sin aderezos tan prescindibles como el de figurones y palmeros. Y de postre remataríamos con el manjar más dulce, el más esperado: León ocupando el espacio que le corresponde, tanto en el mapa autonómico como en los indicadores económicos del conjunto del país. Pura ambrosía.

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Patxi
La Opinión de Luis Herrero 16-01-2017 | 5:59 | 0

Cada vez el presidente de la gestora socialista despierta más simpatías. Cuando interviene en público proyecta la imagen de una persona moderada, que dice lo que quiere decir sin aspavientos y que tiene las ideas claras. Se presenta como un paisano con él que apetecería salir a tomar unos culines de sidra por cualquier chigre de su Asturias natal.

Hace falta valor para reconocer que al día siguiente de las últimas elecciones todos sabían cuál era la única salida, pero que nadie la manifestó en alto ante la inminencia del congreso del partido. Honra a quien sabe reconocer cuándo no se hacen las cosas bien. Acaso a Javier Fernández le faltó el coraje, ahora que está tan de moda exigírselo a los demás, de pedir disculpas a los españoles. Pedir perdón a 46 millones de personas por haber sumido al país en la incertidumbre, sin Gobierno, durante tantos meses debido a los líos domésticos que se avecinaban en el seno del partido.

Muy diferente es la imagen que este fin de semana ha proyectado el, por ahora, único candidato a la Secretaría General del PSOE. Es cierto que dentro del mismo partido político raras veces te encuentras con amigos, que en el mejor de los casos te relacionas con compañeros, que los adversarios quedan allende de tus propias siglas, en las demás formaciones políticas y que, en la propia, lo común son los enemigos. Las lealtades personales vienen a ser la excepción en medio del avispero, del nido de víboras o de la jungla tropical en que se convierte la propia organización a la que uno está adscrito. Allí donde lo que impera, como en la selva, es la ley del más fuerte.

Deuda de gratitud

Podría suponerse que Patxi López tendría al menos una deuda de gratitud respecto a su anterior jefe, aunque solo fuera porque este le nombró responsable de Acción Política de su ejecutiva y, sobre todo, porque le convirtió en la tercera autoridad del Estado. El caso es que, si las apariencias no engañan, el exlendakari ha asestado una puñalada mortal este fin de semana a las aspiraciones de Pedro Sánchez de optar a la reelección. El espero contar con el apoyo de Pedro que proclamó el aspirante a Secretario General puede interpretarse como un quédate fuera de la carrera por el liderazgo del partido que ahora me toca a mí. En román paladino es un simple quítate tú, para que me ponga yo.

Esta particular forma de devolver los favores recibidos por el anterior presidente del Congreso, aunque quede en el ámbito de las relaciones personales entre dos compañeros y sea todo lo legítima que se quiera, no habrá pasado desapercibida ni ante los militantes ni ante la ciudadanía.

En política peor que las deslealtades personales es la deslealtad a las propias convicciones. Lo que se conoce como coherencia. Y es en este punto donde el discurso del aspirante a líder chirrió estrepitosamente.

Coherencia

Ahora que ya interviene como candidato y que ha iniciado la campaña está muy bien sacar pecho y lamentarse de que la abstención a Rajoy fue un error. Sabe que es lo que piensa buena parte de la militancia. Pero debería haber dicho con la misma elocuencia que lo mejor para España e incluso para su partido, pasaba por convocar unas terceras elecciones aún a riesgo de que Rajoy obtuviera mayoría absoluta y de que el PSOE saliera tan baqueteado que no lo iba a conocer ni la madre que lo parió. Eso tenía que haberlo explicado con claridad.

Pero sobre todo debería revelar por qué si la abstención a Rajoy era tan mala como ahora proclama no emuló a su antiguo Secretario General y, antes de adoptar una postura que no compartía, renunció a su acta de Diputado. Así no sería cómplice de lo que él mismo considera un error. ¿O es que para el candidato a liderar a los socialistas prima el escaño y la poltrona sobre sus ideas y su coherencia? ¿O, tal vez, le resultaba insufrible la idea de pasar en pocos meses de Presidente del Congreso a ciudadano de a pie? Es posible que entonces, en el momento de abstenerse en el debate de investidura, ya sopesara dar el paso hacia el liderazgo y para ello planeara apoyarse en ese error tan descomunal que él mismo estaba colaborando a pertrechar.

Quien pretenda liderar un grupo social, antes que nada, se debe procurar que en su equipaje nunca falte un discurso claro, un discurso creíble y un discurso coherente. En la presentación de su candidatura a la Secretaría General, Patxi López perdió una oportunidad de oro para demostrar que viene arropado por cada uno de tan inexcusables elementos.

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Política de campanario
La Opinión de Luis Herrero 10-01-2017 | 5:34 | 0

Gastar alegremente el dinero de todos, engañar a los vecinos y desviar la propia responsabilidad a terceros retratan las tres tentaciones recurrentes del mal gestor. Constituyen la cara más gris de la política. Mimar el dinero público, sincerarse con los ciudadanos y asumir los errores cuando se cometen son características que no siempre se encuentran en los gobernantes. Claro que el gasto desproporcionado puede derivar en malversación, que la mentira es imposible de sostener en el tiempo y que lanzar balones fuera constituye una artimaña tan zafia que deriva en desfachatez.

Estos tres vicios suelen presentarse juntos, pegados como lapas, y se retroalimentan entre ellos. Ejemplos hay muchos, en todos los ámbitos. Se puede comprobar con la reciente subida del recibo de agua en San Andrés del Rabanedo. Subir un 75%  constituye un auténtico despropósito, cuyo desencadenante se remonta a septiembre de 2010.

En ese momento San Andrés comprometió las arcas municipales con una ligereza inusitada. La mayoría absoluta reinante aprobó la condonación del canon que la empresa del agua estaba obligada a pagar al ayuntamiento. Accedió, aunque lo negaran entonces, a la obscena subida del recibo que todos los usuarios soportarán a partir de ahora. E incrementó el costo del servicio a cargo del erario público en más de un millón de euros al año: una decisión que supone, hasta la extinción del convenio, más de 36 millones de euros a mayores. El equivalente a lo que gasta el ayuntamiento en personal durante tres años.

Qué fácil es disparar cuando lo que se gasta es pólvora ajena.

Engañaron a los vecinos. Cuando se privatizó el agua en 1996 prometieron remunicipalizar este servicio, pero cuando recuperaron la alcaldía incumplieron ese compromiso de rescatar la concesión. Peor aún, en 2010, prorrogan en quince años la privatización del agua: se había adjudicado hasta 2031 y lo ampliaron al año 2046. En el pleno de 3 de septiembre de 2010 aseguraron que el nuevo convenio no iba a suponer un incremento del recibo, pero los hechos corroboran que en solo cinco años se ha generado una deuda de 6 millones de euros. Como siempre, será el pueblo llano el pagano de tanto contrasentido: satisfará el metro cúbico de agua a un precio que se sitúa entre los más caros de España.

Qué oportunas resultan las hemerotecas para refrescar la memoria.

Por último, buscan culpables; pero fuera y lejos. En este caso, atribuyen la subida del agua a una sentencia judicial, como si los jueces se dedicaran a subir las tasas a su libre albedrío, sin hacer referencia al convenio que ellos mismos aprobaron en septiembre de 2010, y sin que ese vergonzoso argumento emitido por la oficialidad tras la aprobación de las nuevas tasas figure en la web municipal (un portal, por cierto, donde la transparencia brilla por su opacidad). Los que levantaron el dedo hace seis años, focalizan la responsabilidad de que el municipio se encuentre con el agua al cuello en instancias ajenas, por ejemplo en los juzgados. No hacen ninguna concesión al hecho de que ellos mismos se han divorciado desde el primer momento de las prácticas del buen gobierno.

Qué bonito es ostentar el poder y, al mismo tiempo, sacudirse las consecuencias de los desmanes ocasionados en su ejercicio.

Así, de esta manera se escriben las políticas de campanario. Aquellos que secundan los tres vicios que las retratan (a la hora de gastar el dinero de todos, de embaucar a los vecinos y de eludir la responsabilidad de sus despropósitos) deberían tener presente la advertencia que ya enunciara Abraham Lincoln: «Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo». A lo mejor así cambiaban de actitud y, por ende, todos saldríamos ganando.

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Fusión
La Opinión de Luis Herrero 04-01-2017 | 5:03 | 0

A pesar de que la publicidad emitida cuando presentó la oferta aseguraba que los precios serían «finales y para siempre», Telefónica ha subido tres veces el importe de un paquete de productos. Ahora, la empresa acaba de anunciar un nuevo incremento, el cuarto en poco más de un año. Se trata del típico engaño al que estamos acostumbrados los sufridos consumidores de telefonía.

Como si fuera un regalo de Navidad, dos comunidades autónomas acaban de anunciar sendos expedientes sancionadores contra esta compañía. En concreto, Andalucía le ha impuesto una multa de 6,23 millones de euros por haber incurrido en prácticas como publicidad engañosa y cláusulas abusivas, más el comiso de lo que calcula que ha cobrado ilícitamente. Por su parte, Madrid ha impuesto una sanción de 30.000 euros por idénticas prácticas.

Con tales antecedentes se plantea una miríada de cuestiones que provocan perplejidad: ¿Por qué si se trata de una práctica habitual no se ha actuado antes, desde el primer momento, y contra todas las operadoras? ¿Por qué el engaño a un andaluz se sanciona hasta trescientas veces más con respecto a un madrileño? ¿Quién nos asiste a los consumidores que pertenecemos a otras autonomías? ¿Dónde está el Gobierno central, teórico baluarte para que no se generen agravios entre los españoles? ¿A qué se han dedicado el resto de las comunidades autónomas, que son las administraciones sobre las que recae las principales competencias en materia de Consumo?
Y la Junta de Valladolid, ¿dónde está? ¿Se habrá perdido entre las nieblas del Pisuerga? ¿Qué tiene que decir al respecto?.

Solo una cuestión más: ¿Alguno de nuestros políticos se va a interesar por un aspecto que afecta a decenas de miles de leoneses?

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Otro punto de vista de la actualidad por Luis Herrero Rubinat