Leonoticias
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Fecha: febrero, 2017
La callada por respuesta
La Opinión de Luis Herrero 27-02-2017 | 12:14 | 0

»Las últimas horas han deparado dos ejemplos sobre la necesidad imperiosa de transparencia en los asuntos públicos: la supuesta existencia de tarjetas black en Caja España y la postura de la Unesco con respecto a las obras de la Plaza del Grano.

 

 

Agitan sus aguas que parecían calmas, aunque como se ha demostrado tan solo se trataba de un espejismo de silencios interesados. En vísperas de conocerse la sentencia que condenó a Blesa y a Rato por las tarjetas black, los preferentistas de España Duero han denunciado que en la entidad financiera de sus pesadillas también se prodigaban ese tipo de tarjetas. Igual que en Caja Madrid. Una acusación que reviste la suficiente gravedad como para que los máximos responsables de Caja España en aquellos años ofrezcan explicaciones detalladas e inmediatas. Y como para que, de no ofrecerse una respuesta  que aporte datos incontrovertibles, quienes dicen tener pruebas acudan a las instancias judiciales pertinentes para que se investiguen los hechos denunciados y se depuren todas las responsabilidades. Caiga quien caiga.

En las cajas controladas por políticos, sindicatos y empresarios algunos practicaron el clientelismo a través de las obras sociales y culturales, en otras ocasiones las cajas se convirtieron en oficinas de colocación de personas afines a determinados consejeros y hubo quien se aprovechó de su posición para, como si de un atajo se tratara, conseguir créditos sobrados de prebendas y de riesgos que asumimos todos. Ahora se proyectan sombras de duda sobre la existencia o no de tarjetas black.

El silencio no puede ser el refugio de quienes son corresponsables de un desembolso de dinero público colosal para rescatar a la banca, una sangría que tantos padecimientos ha ocasionado a los ciudadanos: según el Tribunal de Cuentas el rescate bancario ha costado más de 60.000 millones de euros, 1.305 euros por cada español. Parece que está acreditada la existencia de tarjetas que utilizaban los altos cargos en aquel momento. Queda por clarificar si estas tarjetas eran black o no, quién o quiénes dispusieron de ellas, qué tipo de gastos se cargaban y de qué cantidades estamos hablando en cada caso.

ICOMOS

Otros que también se escudan en el silencio. Parecen cómodos agazapados en la oscuridad, aunque las tinieblas abonen sospechas y reafirmen las desconfianzas. El ayuntamiento de León había asegurado que las obras que se están ejecutando en la Plaza del Grano, de las que ya nos hemos ocupado en otra ocasión, contaban con el beneplácito del ICOMOS, una organización no gubernamental que ejerce de asesora técnica de la Unesco. Ahora no está tan claro ese apoyo, pues la presidenta en España de este organismo, Begoña Bernalen unas declaraciones recogidas por Radio Leónacusa al ayuntamiento directamente de mentir.

Esas manifestaciones resultan demoledoras. En ellas asegura que “el dictamen fue absolutamente negativo”, que “era un solo proyecto en el que corría muchísimo peligro la Plaza del Grano” y que “la intervención del ayuntamiento destrozará la plaza”. La crítica hacia el proyecto no puede ser más elocuente. Por su parte, los responsables municipales se limitaron a responder que Begoña Bernal hace (¿de su propio informe?) “una interpretación que no es correcta”. Y se quedan tan anchos.

Cabe preguntarse las razones de tanto desatino, de tanta mascarada. De tanto carnaval, que nada tiene que ver con el que se celebra en estas fechas, con las obras que se llevan a cabo en la Plaza del Grano. Surgen demasiadas comparsas que desafinan, no solo entre los munícipes gobernantes sino también en el seno de la oposición. ¿A qué viene esa obstinación para que no se conozca la verdad sobre la postura del ICOMOS, que es tanto como decir de la Unesco?

Alguien miente y los leoneses tienen derecho a saber quién es. Máxime cuando desenmascarar al embustero resulta sencillo: como expresó su presidenta, el ayuntamiento no tiene más que mostrar las cartas que le envió ICOMOS. Se trata de correspondencia oficial y nada impide hacer público el intercambio de escritos entre las dos instituciones.

Queda confiar en que, de los veintisiete, algún munícipe tenga a bien interesarse por esa correspondencia, fotocopiarla y trasladarla a la opinión pública leonesa. Con ella a la vista quedarán retratados unos y otros, quienes han sido sinceros en sus afirmaciones y aquellos que se enfangan en los lodos de la mentira y de la falsedad en abierta competición con el exministro José Manuel Soria.

Luz y taquígrafos, siempre. Las últimas horas han deparado dos ejemplos sobre la necesidad imperiosa de transparencia en los asuntos públicos: la supuesta existencia de tarjetas black en Caja España y la postura de la Unesco con respecto a las obras de la Plaza del Grano. Dos aspectos que afectan a los intereses de los leoneses. La ciudadanía tiene derecho a obtener toda la información. Pero, hasta la fecha, solo se ha encontrado con la callada como respuesta.

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Salió trucha
La Opinión de Luis Herrero 20-02-2017 | 7:16 | 0

»El daño está hecho. Pero, aunque tarde, cabría esperar menos soberbia en la hermana y en el cuñado de Felipe VI. Alguna muestra de contrición. Por ejemplo, unas disculpas públicas. O la renuncia de Cristina a la línea de sucesión

 

 

Con esta expresión, me informan unas amigas argentinas y lo ratifica el RAE, en el país sudamericano se refieren a algo falso, fraudulento, que decepciona. Aquel o aquello en lo que se han puesto determinadas expectativas, pero que al final se ven defraudadas. Vendría a ser el equivalente a lo que por estos lares conocemos como salir rana alguien o algo.

Conocí este localismo casi al mismo tiempo en que se hizo pública la sentencia referida al matrimonio conformado por Cristina e Iñaki. Una pareja de altezas cuya imagen, salpicada de bajezas, ha decaído hasta la decrepitud por los propios méritos de ambos. Ellos, que por ser vos quien sois tenían la obligación de ofrecer una imagen ejemplarizante, se han enfangado en los peores lodos para una sociedad moderna.

Porque en los nuevos tiempos ya no importan tanto la moralidad ni las moralinas en la vida privada de la realeza, sus presuntas conquistas, las supuestas desafecciones entre algunos de sus miembros, los dimes y diretes mayestáticos. En todas las casas se cuecen habas y en los palacios a calderadas. Por contra, la sociedad aplaude con naturalidad que un príncipe heredero contraiga matrimonio con la persona que designe su corazón, aunque sea plebeya y divorciada, antes que con una princesa casadera de las que esperan su turno en los aposentos reales. Bien está que se modernicen las monarquías.

Lo que más importa a la sociedad contemporánea son las actitudes respecto a los intereses públicos. La honestidad de los gestores, la transparencia en sus negocios, la luz y los taquígrafos en los ingresos que perciben por cualquier concepto. Especial celo se debe procurar en una institución como la monarquía, en la cual el rey se corona no en función de los méritos acreditados, sino en virtud de la cuna en que ha nacido; no por el voto de los ciudadanos, sino por el arbitrio de la sangre. Tampoco existe la reelección periódica pues la duración del reinado solo depende de los años que viva el rey o de su libérrima voluntad de abdicar. Por todas estas razones, las premisas de máxima transparencia en la gestión pública y en los dineros privados deben aplicarse con especial celo a los miembros de la realeza.

Consecuencias

Dejando a salvo que la sentencia no es firme, y que por lo tanto la pareja real goza todavía de la presunción de inocencia aplicable a cualquier ciudadano en su misma situación, lo que ya supone una realidad irreversible es el daño que han hecho a la institución de la que forman parte. Ella ha sido absuelta de toda responsabilidad penal, pero ha sido condenada a pagar una multa de 265.000 euros como responsable civil a título lucrativo de los trapicheos de su marido. Un aspecto este que debería conllevar alguna consecuencia. Y contundente. Él ha sido condenado por prevaricación, malversación, fraude a la Administración, tráfico de influencias y dos delitos fiscales a seis años y tres meses de cárcel, siete años de inhabilitación y al pago de una multa de 512.000 euros. Con tales antecedentes, y con independencia de lo que puedan resolver en su momento instancias jurisdiccionales superiores, lo mejor que le puede ocurrir a la Corona para procurar que este espinoso asunto la salpique lo menos posible, es distanciar de la agenda oficial a sus altezas encausadas.

El daño está hecho. Pero, aunque tarde, cabría esperar menos soberbia en la hermana y en el cuñado de Felipe VI. Alguna muestra de contrición. Por ejemplo, unas disculpas públicas. O la renuncia de Cristina a la línea de sucesión, un gesto sin efectos prácticos porque no tiene ninguna posibilidad de reinar quien ocupa el sexto lugar. Una actitud más humilde siempre sería bien recibida por la plebe. Y si desea no volver a pisar este país, como ella misma manifestó al finalizar el juicio el pasado mes de diciembre, que se marche sin hacer ruido.

De manera que, aplicando la expresión de mis amigas argentinas, la infanta salió trucha y su esposo trucho. Truchos los dos para la Corona, truchos para el conjunto del país y para todos los españoles. Especímenes estos que nada tienen que ver con el otro, con su majestad la reina incuestionable de nuestros ríos y de las cocinas más selectas. No es comparable la trucha de León con las inmundicias cortesanas.

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Democracia y otras hierbas
La Opinión de Luis Herrero 13-02-2017 | 1:00 | 0

»Borrones como los de la corrupción, las mordidas, el tanto por ciento, los chanchullos en las adjudicaciones millonarias o los apaños para colocar a familiares y afines en las instituciones públicas.

 

 

Democracia, manida expresión a la que se apuntan todos, incluidos tus más acérrimos refractarios; etiqueta ostentosa, a veces vacía de contenido. Te presentas más como un ideal que como estadio alcanzable en su plenitud. No eres un sistema perfecto ni siquiera un modelo uniforme, pues cada país contempla tus esencias o tus remedos de una manera diferente. Representas, en expresión de Churchillel menos malo de los sistemas políticos. Que no es poco.

Sabíamos de los desafueros que te persiguen y que estos generan desafección y rebeldía contra el sistema. De tus puntos débiles como las leyes electorales o las listas cerradas, cocinadas por los partidos a su antojo y conveniencia para preservar el momio de un puñado de tiranosaurios de la política; como los incumplimientos electorales convertidos en práctica generalizada o como los cambios de discurso, cínicos y desvergonzados, en función de que se dirijan desde el gobierno o desde la oposición. Desviaciones como la financiación de los partidos políticos, tan de actualidad, o como el cesarismo del líder de turno, sea gaviota o charrán; de aleteo carcas o progre, con la coleta al sol. Borrones como los de la corrupción, las mordidas, el tanto por ciento, los chanchullos en las adjudicaciones millonarias o los apaños para colocar a familiares y afines en las instituciones públicas.

Prácticas ominosas que el pueblo detecta a diario y que estimulan la desafección hacia la política. ¿Acaso este lado oscuro constituye el reverso de tu moneda, Democracia? Opino que no, pues tales baldones no se corresponden con la esencia de lo que representas sino con la indecencia de quienes los provocan. No se trata de un problema de imperfección en tus principios sino, al contrario, de falta de principios de quienes pulverizan tus reglas básicas. No falla la teoría, falla la práctica. No fallas tú, fallan los demás.

Conocíamos los riesgos que suponen este tipo de rémoras para ti, Democracia. El peligro que conllevan. Porque ante fenómenos de este tipo siempre afloran los oportunistas de turno, radicales de uno y otro signo que se presentan como los nuevos salvadores del orden mundial. Así emergen los antisistema, los populistas, los secesionistas; aquellos cuyos objetivos pasan por dinamitar los pilares que te sustentan, paradójicamente, apelando a tus valores más genuinos. Prostituyéndolos. Por eso cuando Artur Mas se dirigía a los juzgados acompañado por sus socios en el gobierno de la Generalitat, entre una multitud que les jaleaban por (presuntamente) incumplir la ley y por (presuntamente) desobedecer las resoluciones de los jueces, la expresión que más se repetía era tu nombre, Democracia.

Ciberataques

Conocíamos que este tipo de amenazas contra ti se multiplican en tiempos de crisis, de zozobra social o económica. Y veníamos asistiendo como espectadores de la vida a la pasividad con la que los partidos tradicionales en todo el mundo se han tomado la irrupción de tales fenómenos. Aquí no pasa nada, a pesar de que algunas tesis que se suponía que no tenían ninguna posibilidad de prosperar finalmente han triunfado en las urnas, como en Gran Bretaña o en Estados Unidos y que en las próximas fechas resulta factible que arrollen en otros países de nuestro entorno.

Pero lo que para nosotros constituyó toda una novedad fue ese otro tipo de peligros que al parecer te amenazan, el de los ciberataques. Y que el riesgo que entrañan fuese de tal magnitud como para que se elucubre sobre la influencia que pudieran haber conseguido los hackers rusos en los resultados de las elecciones americanas. O que en Holanda el recuento de votos se vaya a efectuar de manera manual ante el temor a que los piratas informáticos interfieran en el resultado de sus elecciones.

De manera que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, según formuló Abraham Lincoln, está siendo zarandeado desde flancos muy diferentes. Incluído el ciberespacio.

Éramos pocos, querida Democracia, y parió la abuela.

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El grano y la plaza
La Opinión de Luis Herrero 08-02-2017 | 6:46 | 0

»No pueden entender que nos sintamos dolidos ante las imágenes en las que aparece maquinaria pesada, camiones de gran tonelaje y grandes excavadoras, desfilando por la plaza del Grano como si fueran tanques rusos por la plaza Roja de Moscú.

 

Con los apuros por iniciar las obras en la plaza del Grano, ya desde el primer día, se ha puesto de manifiesto hasta qué punto una actuación que en principio debería concitar unanimidades se transforma en despropósito. En una tropelía. Son las consecuencias de la torpeza/ineptitud de los gestores municipales y de su ansia por zanjar debates incómodos con la política de hechos consumados. Parece que beben de la vieja escuela martivillesca: ¿que los leoneses no quieren pertenecer a la autonomía de Castilla?, pues que sepan que se trata de un hecho consumado. Punto pelota.

La historia se repite. Porque tratándose como se trata de un lugar emblemático de la ciudad de León, y de unas obras polémicas que alimentan sensibilidades temerosas de que se produzcan daños irreversibles en la plaza del Grano, cabría esperar otra actitud por parte del ayuntamiento: una pizca de sensibilidad con el entorno, alguna dosis de prudencia en la ejecución del proyecto y una constante vigilancia en el desarrollo de los trabajos por parte de los responsables municipales. Pues no. Desde el minuto uno en que se iniciaron las obras el ayuntamiento ha demostrado su insensibilidad con el entorno, su bravuconería en la ejecución de los trabajos y la ausencia de control de sus responsables con las actuaciones que se estaban llevando a cabo.

Algunos no pueden entender que nos sintamos dolidos ante las imágenes en las que aparece maquinaria pesada, camiones de gran tonelaje y grandes excavadoras, desfilando por la plaza del Grano como si fueran tanques rusos por la plaza Roja de Moscú. No han comprendido, a pesar de los ríos de tinta que se han vertido sobre el asunto, que se trata de un lugar representativo en la conciencia colectiva de los leoneses y que se han producido escenas ofensivas para la sensibilidad de muchos vecinos. Y tampoco se han percatado de que si el ayuntamiento pretendía tranquilizar a los que temen un desastre patrimonial con esta actuación, la indolencia exhibida, la maquinaria desplazada y las imágenes publicadas no ayudan, para nada, a calmar los ánimos; al contrario, ofrecen oxígeno y argumentos a los detractores del proyecto.

El caballo de Atila

Cabría preguntar dónde estaban los munícipes responsables mientras las máquinas entraban a saco y producían destrozos. En la plaza del Grano no se les vio. ¿Estarían ocupados en otros asuntos allá en las alturas de la Casa Consistorial, en sus distantes despachos?

De modo que el balance del primer día de obras es que la maquinaria pesada se adueñó de la plaza del Grano como Napoleón pateó el Panteón de los Reyes de León, que se rompieron hasta por seis puntos diferentes las conducciones de agua y que durante media jornada los vecinos se quedaron sin agua en viviendas y locales. Un escenario que recuerda a Atila y a su caballo, a cuyo paso nunca más volvía a crecer la hierba.

Y las responsabilidades, ¿quién asume las responsabilidades de tan nefasta gestión? Pues como suele ocurrir en estos casos nadie ha pedido perdón a los leoneses por esta cadena de despropósitos, nadie ha dimitido y por supuesto nadie ha sido cesado de sus cargos. Lo que de verdad preocupa en el ayuntamiento es acabar cuanto antes las obras, acallar las protestas callejeras y seguir con la política de hechos consumados hasta el final.

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Curas depravados
La Opinión de Luis Herrero 06-02-2017 | 9:38 | 0

»¿Qué baremo utiliza la Iglesia cuando castiga con unas confortables vacaciones a un cura confeso de abusos sexuales a niños, y excomulga a religiosos por apoyar a los gays?

 

Casi treinta años conviviendo con sus miserias, con sus delitos, con sus pecados. Tres décadas sintiéndose seguro, a cubierto con los silencios cómplices de sus compañeros de ministerio y de sus superiores, persuadido de que esa sotana que con tanta indignidad viste lo enaltece sobre el resto de los mortales. Está convencido de que un pastor del Señor es intocable y que por lo tanto sus acciones, por muy abyectas que sean, van a quedar impunes así en la Tierra como en Cielo.

Qué más da la vileza que demuestre, qué importan las secuelas que puedan quedar en esos niños, en esos adolescentes que acuden al seminario a aprender, a formarse, a encauzar unas vidas cuyas páginas en blanco están por escribir; que tienen por delante un mundo al que enfrentarse, al que buscar sentido, y con lo primero que se tropiezan es con él. El monstruo. Un demonio disfrazado de fraile. Así que no conforme con emponzoñar su vida ni manchar el nombre de la Iglesia cuyo hábito no le hizo monje, tuvo que atormentar a otros seres, ¿a cuántos?, víctimas propiciatorias e indefensas de tanta iniquidad como atesoran sus instintos más bajos.

Casi treinta años después se conocen los primeros testimonios de aquellos niños, hoy hombres marcados por esa experiencia imborrable. Ahora sabemos que tres meses después de comenzar los abusos sexuales los denunciaron al rector del seminario, pero «nadie hizo nada. El silencio por respuesta. Lo único que conseguimos fue entrar en un círculo de castigos. Nos castigaban con ir a dormir a la sala de peluquería y él venía a despertarnos a cada hora». Pasaron los meses y «las noches se habían convertido en miedo». Después pidieron auxilio al tutor, «pero los abusos continuaron hasta el final de curso y nadie hizo nada para evitarlo». Lo destacable fueron «los gritos, los castigos inconmensurables, las terribles bofetadas que nos daban». Terminado el ciclo en el Seminario Menor continuaron sus estudios en el Seminario Mayor: «si en La Bañeza sufrimos acoso sexual, en Astorga fue maltrato psicológico». En resumen: «me robaron mi infancia, mi pureza, mi ilusión mi inocencia».

Puede que ellos acudieran al seminario con la esperanza de encontrar el camino hacia el Cielo, pero se dieron de bruces con el infierno. Tres décadas después la memoria sigue en carne viva, las heridas abiertas a flor de piel y la ignominia presente. Con qué estremecedora precisión retratan las víctimas el horror a pesar del tiempo transcurrido. Mientras el monstruo seguía reinando en los altares, adorado por unos feligreses ajenos a su lado más oscuro.

Explicaciones

Pero en este truculento episodio quedan más asuntos por ventilar. Y es que no solo peca el que mata, sino también el que tira de la pata. No cabe circunscribir las responsabilidades al autor de tan abominables conductas, sino que deben ampliarse a los encubridores que las silenciaron. No es suficiente con que la Iglesia pida perdón a las víctimas de este cura depravado, ahora que ha saltado el escándalo: también tiene la obligación de dar explicaciones a los afectados y a la sociedad. La Iglesia debe informar quiénes conocían los hechos y los encubrieron, desde cuándo, qué autoridad eclesiástica de mayor rango estaba al corriente de lo sucedido, por qué no se apartó al monstruo del ejercicio sacerdotal, por qué no se le alejó del contacto con los menores, por qué se limitó a trasladarle a una parroquia zamorana una vez finalizado el curso objeto de las denuncias, de cuántas víctimas tiene constancia en el seminario de La Bañeza y si se conocen casos similares en el destino de donde procedía, en un colegio de Puebla de Sanabria, o en los años posteriores a su traslado de la villa leonesa. La Iglesia debe confesar cuántos casos de abusos sexuales ha conocido y ha silenciado y tiene que procurar una reparación a las víctimas.

Porque prescritos los delitos, los que se conocen, la respuesta de la Iglesia ante el escándalo provoca sonrojo. Pretender dar carpetazo al asunto privando del oficio de párroco durante un año y enviándole a unos ejercicios espirituales de un mes resulta insultante. Máxime en una Iglesia que amenaza con la excomunión a los divorciados, a los que abortan o a los homosexuales. ¿Qué baremo utiliza cuando castiga con unas confortables vacaciones a un cura confeso de abusos sexuales a niños, y excomulga a religiosos por apoyar a los gays?

Como en todos los colectivos, no se puede generalizar. La actitud individual de un sacerdote no es extensible al conjunto. Y un dato para la esperanza: lo sucedido en el curso 1988/1989 en el seminario de La Bañeza se conoce ahora gracias a que las víctimas se dirigieron al Papa Francisco y a que, en este caso, sí que recibieron respuesta. Respuesta tibia, insuficiente, cierto; pero es la primera respuesta que obtienen en casi treinta años. Se trata de un paso en la buena dirección para que las víctimas obtengan la reparación que se merecen y los culpables cumplan con una penitencia acorde con la magnitud de las perversiones de las que son responsables.

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Otro punto de vista de la actualidad por Luis Herrero Rubinat