Leonoticias

img
Santarrostru
img
La Opinión de Luis Herrero | 17-04-2017 | 10:20

 

»Me quedo con el talento de esta gente extremeña/leonesa, tenaz, infatigable, apasionada por el séptimo arte, que ha conseguido que el milagro se vuelva a producir.

 

A veces la distancia entre un proyecto quimérico y su materialización es tan corta/larga, tan sencilla/complicada, como poner una fe desbordante en el objetivo y asumir cuantos sacrificios requiera su consecución. Y todo ello aderezado siempre con mucho cariño, pues también a los sueños hay que ponerles amor para allanarles el camino para que se cumplan.

Estas reflexiones me surgieron cuando en febrero de 2014, en un abarrotado Auditorio Ciudad de León, cayó el telón tras proyectarse Territoriu de bandolerus. En ese momento el edificio parecía que iba a sucumbir ante la emotividad de los aplausos con que el público asistente, puesto en pie, celebró la película. Idéntica actitud manifestarían quienes acudieron a su presentación en todas los pueblos y ciudades donde se ha proyectado. Con esa reacción espontánea, los espectadores, así como la amplia repercusión mediática y los galardones obtenidos por el filme, reconocían el magnífico trabajo realizado. Arrastradas por el director Néstor del Barco, un elenco de más de doscientas personas obraron el pequeño/gran milagro que representa la cinta que se acababa de visionar. Porque la película engancha desde el primer momento, emociona y pone al público en la piel de los personajes en cada escena, como si todos los que interviniesen en ella fueran profesionales o como si el filme tuviera un presupuesto millonario, con subvenciones a cargo del erario público todavía más millonarias.

Pero la realidad es muy diferente y mucho más meritoria: Territoriu de bandolerus surgió de un grupo de autodidactas y nunca gozó del maná/financiación con cargo al contribuyente. Pelillos a la mar: las ganas de hacer cosas y de hacerlas bien bastaron a los responsables de la cinta para suplir las carencias personales y las limitaciones económicas. Y consiguieron convertir una entelequia que anidaba en sus cabezas en una obra de arte.

Salamanquesa

Ahora se nos anuncia el estreno de una nueva película dirigida por Néstor del Barco, Santarrostru, que se presentará en León el próximo sábado 6 de mayo.

Santarrostru (salamanquesa en Extremadura) llega trufada de guiños a León. El director, un fenómeno del celuloide, reside en León y considera que su alma es leonesa y su corazón extremeño. Las escenas están rodadas en Ferral del Bernesga, en el campo de golf de San Miguel del Camino y en la capital leonesa, además de en la localidad cacereña de Serradilla, de donde es oriundo el director y donde se rodó Territorio de bandolerus, y en Monsanto (Portugal). La banda sonora corre a cargo, entre otros, de Luis Quiroga, y del coro Vegazana de León. Vuelven los actores leoneses, Goyo Sarmiento, quien ya bordó el papel de malo en la película anterior y ahora repite en esa representación, José Luis Ramos o Javier del Barco, y surgen otros nombres de León como Alberto NicolásAriadna Borge, Rodolfo Herrero, Miguel Ángel Barajas, Javier Bermejo, Inés Diago o María José Pavía.

Me quedo con el talento de esta gente extremeña/leonesa, tenaz, infatigable, apasionada por el séptimo arte, que ha conseguido que el milagro se vuelva a producir. Me quedo con sus mujeres/hombres, con sus padres/hijos, con el sentido de la amistad de todos ellos, para entre todos hacer más llevadera la aventura de hacer cine: cine del bueno. Su fe ha vuelto a mover montañas. Ellos sí que pueden presumir de que después de superar mil contratiempos durante dos años han conseguido un final de película.

Cuando coincida con alguno de estos protagonistas por las calles de León, las tiendas de San Andrés del Rabanedo, los bares de Trobajo, donde Mundo o en alguna de las bodegas que tan bien conocen en Ferral, entre orujos de hierbas y gintonic les preguntaré para cuándo prevén volver a ponerse delante de las cámaras (o detrás, según de quién se trate). Para cuándo el tercer gran largometraje. Porque no hay dos sin tres. Y menos tratándose de amor al arte inoculado en las venas y que como en este caso resulta tan especial que es de cine.

Otro punto de vista de la actualidad por Luis Herrero Rubinat