Leonoticias

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La Plaza del Grano: conservar sí pero no trasformar
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Una Bala con mi Nombre | 05-01-2017 | 10:09

León es la máquina del tiempo sobre la que escribió una vez H.G. Wells.

De hecho caminar por los alrededores de la Plaza del Grano equivale a tomarle un poco el pulso a la vida del medievo: el mercado oloroso y pustulento, delantales y banquetas y productos de la tierra bajo los soportales en una plaza matinal repleta de carromatos y gentes que son todo un mapamundi de exploradores, charlatanes, afiladores, timadores, encantadores de cabras, meretrices, soldados borrachos todos, mendigos harapientos y niños huérfanos hechos enteramente para la picaresca y la tristeza…

León es intemporal.

Tiene de hecho turistear por León un componente de trascendencia, de más allá de lo real, que convierte en definitivo el viaje aquí (“pobre y pequeño lugar que apela al corazón –decía el poema de T. S. Elliot-/… El viandante tiene agujeros en los zapatos/ a fin de captar todas las corrientes terrenales/ y por eso para él el lugar no es pequeño ni pobre). Y otro vuelve calzando los zapatos del viajero: quien lo probó lo sabe.

Al respecto bien se puede tomar, más allá de la catedral (que a la vez que referencia es tópico) la Plaza del Grano como centro neurálgico del viaje a un lugar –León- con futuro que cuida su pasado, pues la Plaza del Grano es la oficina sin paredes de la Historia, es la licenciatura del origen, santo y seña del tiempo y su irradiante eternidad.

Sin embargo cada dos por tres nuestros políticos municipales, y tras ya no pocos movimientos populares que han mostrado el palmario rechazo ciudadano, nos sobrevienen con la noticia de que se quieren “cargar” la Plaza del Grano con una operación urbanística que no se limita a conservarla sino que opta por reformarla o reformularla con el mismo proyecto que ya hubo de paralizarse debido a las protestas de la sociedad civil: están empeñados en recuperar urbanísticamente La Plaza del Grano y traerla así al siglo XXI, en vez de sólo restaurarla, como si ésta no fuera ya en sí misma una joya teletransportadora debido a su antigua imperfección.

Al parecer, alucinen, van ahora otra vez a imponernos el viejo proyecto contra el que ya protestamos, y que pretendía reactualizar urbanísticamente la Plaza del Grano, lo cual no viene a ser como sugerir eufemísticamente que la van a demoler y reedificarán en su lugar otra réplica casi igual pero más moderna y de mentira, pero por ahí le anda.

Y es que algunos tenemos la certeza de que si la Plaza del Grano tal como la conservamos estuviera, pongamos, que en Nueva York, se harían peregrinaciones hasta allí y habría que pagar por verla. Incluso algunos leoneses lo harían… Estando aquí desde siempre, ya ven, no la hace turísticamente caso institucional apenas nadie, e incluso ahora hasta quieren maquillar su antigüedad, su pureza, su esencia, su poder.

Por favor, respeten lo que este lugar tiene de soporte histórico y referente cultural, lo que hay ahí de los seres de manos callosas que nos han precedido, eso que tiene la Plaza del Grano de alma gastada pero incombustible de todos nosotros.

¿Intervenir urbanísticamente en la Plaza del Grano? ¡Sólo para apuntalar y conservar sin cementar ni enmaderar, como ya hicieron expertos conservadores, y desde luego nunca para reactualizar ni para transformar. De hecho así lo están pidiendo algunas de las grandes mentes de esta ciudad como Antonio Gamoneda, Modesto Llamas Gil, Alejandro Vargas, Luis Grau, Amancio González, José de León y por ahí todo seguido, y así se comenta ahora una vez más en las tertulias, los bares y las redes sociales, y están protestando también a tal efecto activistas, vecinos, los muertos en sus tumbas y hasta la burra y el buey contra el vicio político de preferir la estética a la ética arquitectónica.

Sí, quieren modernizar la Plaza del Grano; la quieren hacer un leefting, inyectarle colágeno en las arrugas y operarle los pechos… ¡Yo protesto!

Y lo hago saliendo contigo, amor, a tomar una copa en esa Plaza incomparable: al deslizar las suelas de nuestros zapatos por las imperfectas pero humanizadas piedras, éstas nos parecen un cuerpo, y la noche se enciende… ¡La ginebra en tus ojos abre surcos de niebla!

A la Plaza del Grano y a ti os digo lo mismo: estás preciosa como eres; como estás.

Sobre el autor Una Bala con mi Nombre
La opinión de Luis Artigue