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No se nace machista, pero las jugueterías nos enseñan

Asociación Feminista Leonesa Flora Tristán

El juego ocupa una parte esencial en la vida humana, sobre todo, en la infancia y en la adolescencia. Con él aprendemos a relacionamos, a examinar el entorno, a establecer contacto con el resto de personas, a entender cuáles son las normas, las jerarquías, lo que el sistema dice que está bien y lo que está mal. El problema es ese: que aprendemos lo que nos dice el sistema, sin poder, ya desde el primer instante, cuestionar por qué las cosas son así. Por tanto el juego, como todo, es un trasmisor más de los valores de nuestra sociedad. Posiblemente uno de los más poderosos, ya que en la infancia y en la adolescencia siempre tenemos una especial necesidad de buscar modelos y referentes a los que imitar. Así, de forma lúdica, nos imaginamos desarrollando un trabajo, resolviendo un misterio o cuidando a un bebé. Y todo eso está muy bien, hasta que el patriarcado lo contamina todo.

El patriarcado, ese sistema político, social y cultural (que no natural) que dicta la sumisión de las mujeres, no pierde tan estupenda oportunidad –la del juego- de comenzar a crear opresores y oprimidas. Porque los hombres, no son naturalmente opresores, ni las mujeres naturalmente proclives a ser oprimidas; nos educan para que lo lleguemos a ser. Para que nos comportemos según nuestro género, para que cumplamos nuestro papel. Y nos educan desde el primer instante. Buena cuenta dan de ello la inmensa mayoría de jugueterías, que imponen a nuestrxs pequeñxs, desde el primer momento su papel en este mundo: si es niña, fregar, planchar y cocinar. Lo divertido, que lo hagan los niños. Para ver con qué perversidad lanzan las jugueterías este mensaje, basta con haber pasado por delante del escaparate de la mayoría de ellas. Por ejemplo, hasta hace escasos días, en el escaparate de una juguetería en León se veía a una maniquí niña rodeada de todo tipo de juguetes que simulaban ser una escoba –que sostenía entre sus manos-, una aspiradora, una fregona… Y en efecto, ese es el mensaje habitual en la mayoría de la publicidad de jugueterías. Ciertamente, no puede ser más claro: “Si eres niña, has nacido para limpiar la mierda del prójimo; nosotros te enseñamos a ser lo que la sociedad espera de ti”. Las niñas no pueden jugar a ser científicas, fontaneras, exploradoras, presidentas, camioneras o abogadas. No. Tienen que dedicarse a limpiar, a cuidar la prole, a cocinar para el macho y a estar siempre muy monas. Porque sí, también pueden jugar a maquillarse.

Hartas de injusticias como estas, un grupo de feministas se manifestó el pasado martes 19 de abril por la tarde frente a una juguetería de León que presentaba el escaparate antes descrito, poniendo en evidencia el machismo de la misma. Y es que no estamos dispuestas a que todo siga igual, a que las nuevas generaciones sufran el patriarcado. Por eso ellas exigieron, con su acción de protesta, un uso no sexista de los juguetes, y una educación feminista (esto es, en igualdad) para todas las niñas y niños. De lo contrario, seguiremos reproduciendo un machismo que mata, que viola, que humilla, que prostituye y que denigra a las mujeres. Por eso, dicen y digo no a juguetes sexistas, no a esa forma de humillar a las niñas, no a sacar beneficio de una sociedad patriarcal, no a una infancia sin juego libre de roles sexistas. No a la indiferencia de quien pasa por delante del escaparate y no hace nada. De hecho, luchar sirve para algo: días después de la protesta feminista, la juguetería hizo lo correcto –ni más ni menos- y cambió el escaparate donde ya se veía a un niño y una niña jugando con todo tipo de juguetes, que es lo oportuno y lo justo.

Afortunadamente el feminismo, esto es, la justicia, dio la batalla y ganó. No obstante, deberíamos plantearnos si realmente es esto es lo que queremos para las futuras generaciones, si queremos seguir educando a princesas y a guerreros, si podemos consentir que en 2016 se siga educando a las mujeres en el papel de madre, esposa y ama de casa abnegada y a disposición de todo el mundo a costa de su propia libertad. No. No podemos ni queremos. Queremos que las criaturas de hoy sean seres humanos libres e iguales, que lo sean hoy y mañana. Queremos que el hecho de nacer con unos determinados genitales no nos encasille en unos roles injustos; los de dominante y dominada. No queremos no oprimidas ni opresores. Queremos seres humanos libres, con una infancia feliz, llena de creatividad y libertad para que cada niño y cada niña elijan quién ser en este mundo y para que puedan aprender a relacionarse sin aceptar desde los primeros instantes los criminales dictámenes que impone el sistema patriarcal (machista) que nos subyuga. Lo queremos para que todas las personas seamos igualmente libres y dignas. Pero la industria de juguetes aún sigue vendiendo machismo, esta juguetería lo demostró con su escaparate. Sólo nos queda la esperanza de que la lucha dé sus frutos. Y en este caso los ha dado. Le honra a la juguetería no haber hecho oídos sordos a la legítima vindicación feminista

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