»Podemos pasea en autobús las miserias de los dos principales partidos políticos y a Pedro Sánchez le han puesto en bandeja la victoria en las primarias del PSOE
Pasada la semana de Pasión, todo hacía prever que comenzaría el vía crucis para el Partido Socialista en su travesía incierta hasta resolver el liderazgo. Sobre el papel le tocaba al PSOE sufrir, sacudirse aún más en el proceso catártico en el que se encuentra, exhibir sus desgarros sin tapujos hasta el punto de que los candidatos ni siquiera se saludan cuando coinciden en el homenaje a Carme Chacón. ¿Qué mensaje están transmitiendo a los ciudadanos quienes aspiran gobernar el país, pero ni siquiera demuestran la educación de dirigirse la palabra entre los suyos?
Pero, en contra de lo previsto, el auténtico calvario de la semana lo sufrió el PP. La citación de Mariano Rajoy para que acuda a declarar a la Audiencia Nacional como testigo y sobre todo la detención del expresidente de la comunidad de Madrid, Ignacio González, ha dejado hecho unos zorros al gobierno de España y al partido que lo sustenta.
Los datos que se van conociendo sobre los ilícitos en que pudo incurrir González (Ignacio) recuerdan cada vez más a la época de González (Felipe), cuando desde ministros, secretarios de Estado, presidentes autonómicos, directores de la Guardia Civil, directores del Banco de España o directores del BOE pasaban a diario por los juzgados.
Ahora el aparato el aparato del PP le pide la cabeza a Esperanza Aguirre, le exige que se inmole. Necesitan un cabeza de turco para calmar las aguas. Ella. La expresidenta de Madrid ya había justificado su dimisión al frente del PP madrileño por culpa “in vigilando”: no tenía conocimiento de las actividades ilícitas de sus colaboradores, pero debe responder por no haber sido más meticulosa, por no haber vigilado los desmanes que se estaban produciendo en su entorno político. Entonces, febrero de 2016, dimitió de sus cargos orgánicos en el partido. Pero mantuvo su escaño como concejala y portavoz de su grupo en el ayuntamiento de Madrid.
Culpa in vigilando
Me parece correcto que el aparato de su partido le pida que dimita de las responsabilidades institucionales que aún conserva. Ya está tardando: debería haberse ido hace años, cuando se empezaron a destapar las diferentes tramas que se fraguaron a su alrededor o cuando el juez envió a prisión a Francisco Granados. El PP necesita insuflarse ánimos, regenerarse y, sobre todo, tener un discurso creíble. Lo que ya no entiendo es que el partido del gobierno pretenda transmitir una actitud ejemplarizante frente a la corrupción y limite la culpa in vigilando a la lideresa. A nadie más.
Porque tan honorables pueden ser las trayectorias políticas de Esperanza Aguirre como las de Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal. Y la misma responsabilidad de vigilancia cabe exigir a la única mujer que ha presidido el Senado por los casos de corrupción en su comunidad, como a sus dos jefes directos por los escándalos protagonizados por dirigentes del PP que salpican la geografía nacional. La misma. Cabe preguntarse con qué autoridad moral Rajoy/Cospedal van a exigir la dimisión de Aguirre mientras ellos se mantienen en sus tronos. Qué coherencia demuestran cuando a ellos como presidente y secretaria general del PP nacional les ha reventado casos de corrupción por todas partes, desde Baleares a Valencia, desde Murcia a Galicia o desde León a Andalucía. Dónde están la regeneración, la contundencia frente a los corruptos, las respuestas ejemplarizantes, si quienes tenían la obligación de erradicar estos fenómenos de la vida pública han convertido el patio político nacional en una cloaca hedionda y ellos mismos se aferran con denuedo a las más altas poltronas del poder.
Mientras el dúo conformado por Rajoy y Cospedal no se retire de la vida pública el PP no podrá ofrecer una imagen de credibilidad ni de contundencia en su lucha contra los corruptos.
Del otro lado del espectro político, Podemos airea en autobús las miserias de los dos principales partidos políticos y a Pedro Sánchez le han puesto en bandeja la victoria en las primarias del PSOE. Un partido este que el único mensaje que transmite con nitidez es que cada vez está más de aquella manera, más partido. Luego algunos se extrañan de que los ciudadanos hayan entrado en ese bucle tan peligroso como imprevisible al considerar a los políticos uno de los principales problemas que aquejan al país.